Como todo el mundo expuesto a enseñanzas religiosas, desde niña quedé profundamente impresionada por los poderes divinos. Dios tiene habilidades y poderes infinitos. Los seres humanos tenemos poderes bastantes limitados, pero aspiramos a extender esos poderes para alcanzar al de los Dioses. Tomando el desayuno con un buen amigo, discutíamos ayer los problemas enfrentados por la administración de Obama, los aciertos en el campo de relaciones públicas nacionales e internacionales, y los errores que se están cometiendo al agrandar los tentáculos arrulladores del poder público, que empiezan con promesas virtuosas y terminan estrangulando el crecimiento económico de los países. Todos nos arrimamos al árbol que da sombra, hasta que se le caigan las hojas. Mientras nos arrimamos dejamos de tomar riesgos, crecer y mejorarnos. Más aun, no desarrollamos otros mecanismos más eficientes de protección e integración con otros seres humanos e instituciones.
Analizando con mi amigo, estrategias de mejora de los sistemas de salud pública, y las dificultades de mantener altas tazas de innovación en la medida en que crecen las empresas, descubrimos algo muy sencillo y reveladoramente trágico. Nuestro alabado Dios Todopoderoso, es un diletante. Por eso es que el mundo enfrenta sucesos tan sorpresivos y destructivos. ¡Si Dios hubiera escogido algún tipo de especialización, los humanos, particularmente los que aspiramos a ser dioses, también escogeríamos altos niveles de especialización y todo funcionaría mucho mejor!
Los gobiernos deben especializarse en cubrir riesgos epidémicos, defender a sus tribus de ataques inesperados de tropas invasoras y destructivas, y asegurar que se cumplen las leyes. Los gobiernos ni saben ni pueden manejar empresas, sanear bancos, producir acero o electricidad, y menos aun gerenciar empresas de alta tecnología. No quiero meterme en si los gobiernos deben manejar la educación, porque esa es una batalla perdida hasta en los países mas iluminados. Pero es por algo que la industria de la educación es en la que ha habido menos aumentos de productividad en los últimos cien años.
La medicina y la administración eficiente de salud pública, también nos enseñan mucho sobre las ventajas de la especialización. Los médicos no deben pretender ser mucho más que supervisores de procesos de intervención farmacológica o quirúrgica. Las cirugías y la mayor parte de los suministros medicinales, deberían de estar, metafóricamente en manos de comadronas. En Venezuela las curas funcionaban mejor cuando los farmaceutas recomendaban medicamentos básicos, aun cuando restringidos, para curar enfermedades ordinarias. Expertos especializados en repetir operaciones y curas con pericia e infinita experiencia hacen mejor trabajo que el gran doctor cuyas responsabilidades están divididas entre flirtear con pacientes ricos y manejar hospitales. La mayor parte de la medicina, excepto casos de enfermedades raras, cuyas curas requieren de gran creatividad, debe de estar a cargo de carpinteros, electricistas y plomeros de la medicina. Literalmente hablando, sitios en donde técnicos sin especialización medica, se especializan en operaciones y curaciones de rutina y lo hacen bien, es más, mejor que médicos menos especializados, que están mas interesados en volverse Dioses, toreros y diletantes. Países que han separado las rutinas quirúrgicas de otros procesos más sofisticados y que requieren de más imaginación, ciencia y creatividad, tales como Cuba, China, Rusia, Canadá y muchos países Europeos, muestran altas tazas de éxito en tratamientos rutinarios y menor tazas de mortalidad en operaciones básicas, atendidos por técnicos sin grados de Doctor (quizás con un grado de técnico de salud). Por eso es mejor no tener a generales haciendo de policías o manejando países.
Aquellos que creen que lo pueden hacer todo, porque tienen poderes y habilidades infinitas y de origen divino o mitológico, terminan haciéndolo todo mal. Si Dios no fuera un diletante, hubiera eliminado todos los fenómenos telúricos. Pero como Dios quiere estar en el negocio de conseguir novios, ganar loterías o conseguir monederos perdidos, no puede tener tiempo de especializarse en las cosas mas importantes que los humanos de verdad no podemos resolver. La clave para un mundo mejor es la especialización y no el diletantismo. Los diletantes deben estar circunscritos a esos hijos inútiles de gente rica que botan el dinero de sus padres y redistribuyan la riqueza lo más pronto posible. Hasta los seres más creativos y con capacidades más expansivas, tienen que aprender a especializarse. Si de creatividad se trata, los seres creativos no deben tratar de controlar todo lo que les rodea, eso se lo deben dejar a los gerentes especializados. No es un accidente que la iglesia católica ha promovido a tanto santo. Estoy segura que el propósito de la iglesia es ayudar a Dios a especializarse en las cosas más importantes del destino humano y dejar que los más humildes santos hagan los milagros del día.
Como se habrán dado cuenta, estas notas no son sobre el dilema de la existencia de Dios o la validez de los santos, que es indudable. Ese es un dilema inventado por seres humanos, cuyo objetivo es no encontrar solución. Estas notas son sobre la importancia de desarrollar escuelas técnicas de entrenamiento, no solo en carpintería, plomería, electricidad y peluquería, pero escuelas técnicas de entrenamiento medico, de ingeniería de construcción, tutelajes educacionales, de empleados públicos y mucho mas. Si nuestros empleados públicos obtuvieran diplomas certificados de sus conocimientos técnicos y ética profesional, les costaría más volverse oportunistas y corruptos, tendrían el riesgo de perder sus titulo profesional y, aún más valioso, perderían el orgullo de ser un especialista en la materia. Orgullo profesional y especialización van mano en mano. Diletantismo es consumismo psicológico de baja productividad social.
miércoles 3 de junio de 2009
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