Parece que fue ayer que estábamos celebrando el Día de los Enamorados del 2008, y ya se nos viene encima de nuevo.
San Valentín es un día de comer chocolates, pensar en romances futuros o pasados, y prepararse para la frondosa primavera en los países del Norte. Es un día de largas ilusiones y cortos regocijos. Pero también es un día que nos lleva a pensar tantas amistades que deberíamos haber emprendido con más tesón y en tanto romance fallido. Romances que empezaron como muchos, cargados de pasión, ilusiones de logros, posibilidades infinitas a través de palanqueo y potencialización emocional. Romance es una de las grandes capacidades y muestra de la creatividad e imaginación del ser humano. Inventamos posibilidades amorosas tan imaginativamente como inventamos Dioses. Y esas posibilidades nos llenan de motivaciones hacia la excelencia.
Pero que pasa cuando el objeto de nuestra imaginación y nuestro amor decide abusar de la penosa dependencia que se crea, cuando en vez de ofrecernos potencialización y apoyo, lo que recibimos son decepciones y abusos. El síndrome de la mujer abusada, que le impide liberarse de las tenazas emocionales de una relación destructiva, no sólo lo sufren esas pobres mujeres temerosas de la alternativa de soledad si es que se atreven a escaparse de su tortura. Ese síndrome lo sufren muchos países, y todos sus habitantes. El síndrome también lo sufren muchos hombres.
En los últimos 100 años, países como Alemania, Irak, la Unión Soviética, China, Irán, Venezuela, Italia, Zimbabwe y Cuba han sido casos claros del síndrome de la mujer abusada. El líder narcisista y abusivo somete a la colectividad a todo tipo de tiranía emocional, física, económica y jurídica. Cuando se le pasa la mano y la colectividad se levanta adolorida, el líder le pide perdón o le dice que la quiere, y la colectividad se llena de esperanza de que sí, el líder la quiere, se portará mejor y tan malo no debe ser, si parece tan devoto al futuro en conjunto y tan lleno de promesas apasionadamente revolucionarias. Y aún cuando ya no creemos en los afanes de perdón, tampoco creemos que nos merecemos o podemos alcanzar un cautiverio mejor. O, mejor aún, una vida libre de entuertos y manipulaciones destructivas.
A mi querida Venezuela, en donde nací y crecí, le pasa lo mismo que a las parejas cautivas en su miseria emocional. Otros países que conozco menos pero también me duele ver como se van desenvolviendo sus destinos como Bolivia, Nicaragua, Argentina y Ecuador, sufren de distintos vestigios del síndrome, pero los ciclos de abusos, promesas rotas y perdones con golpes de pecho y genuino arrepentimiento, son los mismos.
En todos estos casos de mujeres, hombres y comunidades abusados, lo que se crea es una situación de co-dependencia nociva. La victima deja de crecer emocional e intelectualmente, pierde capacidad de discernimiento y libertad de acción. Anhelos de superación se ven ofuscados ante la mano permisiva y abusiva del tirano. Al final la victima muere figurativa ó realmente, o se revela contra el abusador. En una situación personal hay muchas posibilidades de escape real, sí el cautiverio emocional puede ser superado. En el caso de las comunidades, el escape colectivo es mucho más difícil y requiere de una voluntad social recia y decisiva para resistir los atropellos y eventualmente liberarse de la tiranía.
A esas mujeres y comunidades abusadas, que se merecen un Día de San Valentín liberador, les recuerdo que relaciones destructivas no mejoran con el tiempo. El abusador continúa con los abusos y la víctima se vuelve cada vez más débil, a menos que se rebele y tome posesión de su honor y su derecho a la libertad. En la comunidad e integridad personal está la fuerza más poderosa, y la fuerza verdaderamente redentora y liberadora del amor. Celebremos ese género de posibilidades en este Día de los Enamorados.
martes 17 de febrero de 2009
lunes 2 de febrero de 2009
Sudor y Pudor
Parecería que nuestras vidas transcurren entre dulce y ardua monotonía, excepto cuando las pasiones aumentan nuestra productividad y cuando los posibles excesos nos forzan a una pudorosa retirada.
Pasamos de ser actores acalorados a ser audiencias pudorosas dependiendo de las circunstancias que nos acosan y las oportunidades que se nos presentan. Tanto en política, como en la vida profesional y personal, es importante balancear el sudor y el pudor. Culturas hiperactivas como la de los Hunos y los Romanos, terminan metiéndose en problemas. Los machos alpha excesivamente sudorosos, siempre se meten en líos. Vidas amorosas demasiadamente acaloradas, son insostenibles. Como carros finos, pasiones fogosas, causan excesivo recalentamiento y motores fundidos porque siempre que andamos más apurados que los demás, los tramos de tráfico y los cuellos de botella, terminan por debilitarnos inmerecidamente.
Por otro lado, si el pudor es una virtud en quinceañeros y solteronas tratando de crear percepción de escasez y promover los ardores del que no puede conseguirnos nada más tratando, mucho pudor ocasiona problemas tan peligrosos como excesiva pasión y sudor. En el sistema de los países, y de los seres humanos que los populan, es importante crear conciencia personal y mecanismos institucionales para balancear estas dos fuerzas encontradas y arrechas.
Los países del Norte, con más experiencia en supervivencias superativas que los del Sur, han entendido la importancia de balancear las fuerzas expansivas y meditativas. Muchos han adoptado constituciones y sistemas políticos que dividen los poderes. Las empresas, a pesar de los excesos que se observan entre mucho gerente abusador y narcisista, tienen directores y accionistas que eventualmente afirman control y eventualmente llaman al pudor para controlar excesos. Los sistemas políticos avanzados y las instituciones maduras no son ni remotamente perfectos, en parte porque la única forma de evolucionar es encontrando y corrigiendo nuevos abusos, pero permiten con el tiempo mejorar los procesos y fortalecernos en racionalidad e idoneidad.
En el Sur, somos relativamente más exagerados en todo: hiperactivos o hiperpasivos. O sudamos mucho o somos demasiado recatados y pudorosos. El Satiro o la Virgen son todavía imágenes erróneamente idealizadas de comportamiento humano. Brujas y santos todavía se encuentran inextricablemente arraigados en el tejido social. Para reconciliar ambas tendencias, hasta creemos en milagros.
Si observamos regimenes ideales para la longevidad personal e institucional, una hora y media de sudor al día es suficiente. Igualmente una hora y media de pudor diario podría bastar. Sudor incluye ejercicio, actos de liderazgo y creatividad, y hasta unos minutos de actividades energéticamente amorosas. Pudor debe incluir unos 90 minutos de humildad, generosidad, meditación…si añadimos 8 horas de sueño, tres de comida y una de transiciones, lo que nos deja es cinco horas de trabajo concentrado, tranquilo, dedicado, y responsable, sin sudor, ni pudor, pero lleno de vocación y legitimidad.
Pasamos de ser actores acalorados a ser audiencias pudorosas dependiendo de las circunstancias que nos acosan y las oportunidades que se nos presentan. Tanto en política, como en la vida profesional y personal, es importante balancear el sudor y el pudor. Culturas hiperactivas como la de los Hunos y los Romanos, terminan metiéndose en problemas. Los machos alpha excesivamente sudorosos, siempre se meten en líos. Vidas amorosas demasiadamente acaloradas, son insostenibles. Como carros finos, pasiones fogosas, causan excesivo recalentamiento y motores fundidos porque siempre que andamos más apurados que los demás, los tramos de tráfico y los cuellos de botella, terminan por debilitarnos inmerecidamente.
Por otro lado, si el pudor es una virtud en quinceañeros y solteronas tratando de crear percepción de escasez y promover los ardores del que no puede conseguirnos nada más tratando, mucho pudor ocasiona problemas tan peligrosos como excesiva pasión y sudor. En el sistema de los países, y de los seres humanos que los populan, es importante crear conciencia personal y mecanismos institucionales para balancear estas dos fuerzas encontradas y arrechas.
Los países del Norte, con más experiencia en supervivencias superativas que los del Sur, han entendido la importancia de balancear las fuerzas expansivas y meditativas. Muchos han adoptado constituciones y sistemas políticos que dividen los poderes. Las empresas, a pesar de los excesos que se observan entre mucho gerente abusador y narcisista, tienen directores y accionistas que eventualmente afirman control y eventualmente llaman al pudor para controlar excesos. Los sistemas políticos avanzados y las instituciones maduras no son ni remotamente perfectos, en parte porque la única forma de evolucionar es encontrando y corrigiendo nuevos abusos, pero permiten con el tiempo mejorar los procesos y fortalecernos en racionalidad e idoneidad.
En el Sur, somos relativamente más exagerados en todo: hiperactivos o hiperpasivos. O sudamos mucho o somos demasiado recatados y pudorosos. El Satiro o la Virgen son todavía imágenes erróneamente idealizadas de comportamiento humano. Brujas y santos todavía se encuentran inextricablemente arraigados en el tejido social. Para reconciliar ambas tendencias, hasta creemos en milagros.
Si observamos regimenes ideales para la longevidad personal e institucional, una hora y media de sudor al día es suficiente. Igualmente una hora y media de pudor diario podría bastar. Sudor incluye ejercicio, actos de liderazgo y creatividad, y hasta unos minutos de actividades energéticamente amorosas. Pudor debe incluir unos 90 minutos de humildad, generosidad, meditación…si añadimos 8 horas de sueño, tres de comida y una de transiciones, lo que nos deja es cinco horas de trabajo concentrado, tranquilo, dedicado, y responsable, sin sudor, ni pudor, pero lleno de vocación y legitimidad.
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