martes 14 de abril de 2009

Resurrección de Libia o Diversiones de un Déspota

Uno de los líderes más interesantes y camaleónicos de la política contemporánea es Muammar al-Gaddafi. Rector revolucionario de Libia por los últimos 40 años. Yo no soy ni pienso ser experta en Gaddafi. Prefiero desarrollar otras habilidades. A Gaddafi lo observo de vez en cuando, porque tiene una gran capacidad de reinventarse y sorprendernos. Nos da esperanzas a aquellos que nos encontramos improbablemente sometidos por un tiempo u otro a los abusos de un tirano.

Gaddafi lideró la primera de las altivas arremetidas de la OPEP en los años ‘70s, dio protección a terroristas en el transcurso de los años, entrenó revolucionarios, amenazó al mundo todo lo que pudo desde su pobre pero petro-poderoso país. Gaddafi era una amenaza para la paz mundial, hasta que un día aviones foráneos bombardearon sus bases militares y entre las victimas estaba una de sus hijas y muchos de sus colegas. El se salvó en el bombardeo y yo me imaginé que de esa experiencia resurgiría lleno aún más de odios y resentimientos. No fue así. Gaddafi desapareció de la mira periodística por mucho tiempo. De vez en cuando se veían fotos que lo hacían ver golpeado (yo también lo hubiera estado, pero los líderes dictatoriales rebotan de los golpes como pelotas mágicas). Sin embargo seguía en el poder. Hace un par de años asumió algunas medidas un poco llevadas por imaginaciones y ensueños de grandeza económica, pero parecían sensatas. Libia se volvería un líder en educación tecnológica y aumentaría su productividad industrial. Sonaba bien aunque poco realista dada su historia. Pero recientemente Gaddafi ha anunciado otra sorpresa. Ha despedido a todos los miembros de su ejecutivo (no creo que haya poder legislativo o judicial que se diga en Libia) por corruptos. Ha comunicado además, que todos los ingresos petroleros del país se van a repartir directamente a sus ciudadanos, que son los dueños reales de los recursos petroleros, cosa que es verdad. Es una medida extrema y extremadamente sensata, asumiendo que es legítima en sus objetivos y no otra parodia de poder.

En un momento en que todos los políticos del mundo están compitiendo por más intervención en la economía, justificada por la ruptura de la banca mundial y la amenaza de una depresión económica global, Gaddafi anuncia que el se va a ir en la dirección opuesta. Va a entregar el voto económico por completo a los libios. Ver para creer pero que valga la idea.

A lo mejor no hace nada y todo esto es sólo una manera de divertir la atención del país, combatir enemigos políticos y experimentar con otras formas de comunicación con su pueblo. Quien sabe que problemas tiene Gaddafi y Libia. En todo caso el anuncio da algo de esperanza de que salgan buenas ideas desde el lodazal de sistemas corruptos e incompetentes. Da esperanzas de que a la humanidad y a algunos líderes que parecen estancados desde tantos puntos de vista, a veces, cuando algo toca fondo, se les ocurren ideas redentoras.

La historia da vueltas inesperadas, pero por eso no hay que creer en milagros. El único milagro es el de estar vivo y tener la oportunidad de contribuir al crecimiento económico, espiritual y emocional de la humanidad. Si todos contribuimos con trabajo y moralidad, de día a día, con valentía y sensatez; si frenamos la codicia y la rapacidad propia y señalamos un camino mejor a los amigos, poco a poco ganamos en democracia económica y política. Esa es la mejor y más duradera forma de resistencia activa. Quien sabe en que anda y por donde está el destino de Gaddafi, pero si podemos saber como responder a los asaltos diarios y ordinarios contra la dignidad y la responsabilidad propia: con seriedad, dedicación y determinados al triunfo de la moralidad comunitaria. Si a otros líderes se les ocurre, como a Gaddafi, repartir el botín público, sin la ayuda de intermediarios vagabundos, estaremos preparados a hacer el mejor uso de esos recursos.