En mis memorias, el grillo de Pinocho, Pepito, es uno de los personajes más importantes de los cuentos de hadas. Les recuerdo que el hada madrina le hecha unos polvos mágicos al muñeco de cuerdas que le permite empezar a moverse y ser casi humano. Uno de los aspectos de su “humanidad” es la capacidad de decir mentiras, algunas gratuitas y tontas, otras por oportunismo político o económico. El grillo Pepito, o Pepe Grillo, que hace de “conciencia” para el pobre Pinocho no puede con toda la responsabilidad y trabajo que tiene ante las veleidades de su pupilo. Pero Pepito se mantiene alerta, activo e innovador en su mensaje. Al final Pinocho se arrepiente de sus fechorías y es premiado por su hada madrina, quien lo vuelve completamente humano (¡Dios nos guarde – pero allí termina la historia con un final feliz). Pinocho el ser humano promete ser bueno, valiente, y generoso.
Muchos de nosotros tenemos el grillo en nuestras propias conciencias, pero muchos más lo amordazamos o lo ponemos a dormir en el purgatorio de los millones de grillos ignorados. “Cuando en Roma, pórtate como un romano” y así comienza la decadencia del imperio, el pueblo, la familia y el individuo. Los grillos de la conciencia son la especie más expuesta a la extinción en las sociedades que pierden el sentido del respeto, el ritmo de la nobleza intelectual y el tono de los estados de gracia. Las sociedades donde los grillos cantan, suspiran y se reproducen orgullosos de su trabajo y éxito, florecen ecológica y económicamente.
Los finales felices nunca son duraderos, pero si permiten retornar al rumbo correcto con determinación y sentido de metas sensatas y realizables. La recesión económica mundial es una buena coyuntura para rescatar grillos adormecidos o aniquilados por la diosa del éxito. Anhelos de entereza, integridad, trabajo y generosidad son anhelos duraderos que se refrescan y regeneran por el propio reto de su manutención.
Despertemos a nuestros grillos internos y emprendamos una campaña de reclutar grillos externos. Yo tengo entre mis buenos amigos tres grillos de primera. Si tengo dudas y al grillo interno no estoy dispuesta a escucharlo, no tengo más que llamar a los tres grillos externos y escuchar el cuarteto (porque el mío empieza a cantar clara e instantáneamente).
¿Dónde están los grillos? Están en todas partes. Las conciencias están adormecidas, pero nunca están muertas. Podemos empezar despertando a la propia. Muy importante hacerlo en medio de tanta confusión y aprecio por lo que hemos perdido. Lo que hemos perdido en el jolgorio de liquidez y turbo-consumo en los últimos años, no es tan importante como lo que podemos ganar con calma, voluntad y con ayuda de Pepe Grillo. Pinocho apenas empieza la historia de su vida al final del cuento. No se imagina lo dura que es la vida, sobretodo cuando nos aferramos a ignorar nuestra conciencia. Los grillos pitan y no cantan, cuando los ignoramos. Si le hacemos caso a Pepe Grillo, sus sonidos son cantos lejanos y apaciguantes. Nos recuerdan las noches tranquilas en los Llanos, o caminatas por jardines oscuros pero fragantes. Nos recuerdan la infamia cuando atrapábamos grillos para sentirnos valientes sin tener idea que atrapábamos en ellos algo esencial en nuestra historia: La habilidad de escuchar los sonidos de la naturaleza como susurros de una conciencia en paz.
martes 31 de marzo de 2009
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