martes 17 de febrero de 2009

Ecos de San Valentín: El Síndrome de la Mujer Abusada

Parece que fue ayer que estábamos celebrando el Día de los Enamorados del 2008, y ya se nos viene encima de nuevo.

San Valentín es un día de comer chocolates, pensar en romances futuros o pasados, y prepararse para la frondosa primavera en los países del Norte. Es un día de largas ilusiones y cortos regocijos. Pero también es un día que nos lleva a pensar tantas amistades que deberíamos haber emprendido con más tesón y en tanto romance fallido. Romances que empezaron como muchos, cargados de pasión, ilusiones de logros, posibilidades infinitas a través de palanqueo y potencialización emocional. Romance es una de las grandes capacidades y muestra de la creatividad e imaginación del ser humano. Inventamos posibilidades amorosas tan imaginativamente como inventamos Dioses. Y esas posibilidades nos llenan de motivaciones hacia la excelencia.

Pero que pasa cuando el objeto de nuestra imaginación y nuestro amor decide abusar de la penosa dependencia que se crea, cuando en vez de ofrecernos potencialización y apoyo, lo que recibimos son decepciones y abusos. El síndrome de la mujer abusada, que le impide liberarse de las tenazas emocionales de una relación destructiva, no sólo lo sufren esas pobres mujeres temerosas de la alternativa de soledad si es que se atreven a escaparse de su tortura. Ese síndrome lo sufren muchos países, y todos sus habitantes. El síndrome también lo sufren muchos hombres.

En los últimos 100 años, países como Alemania, Irak, la Unión Soviética, China, Irán, Venezuela, Italia, Zimbabwe y Cuba han sido casos claros del síndrome de la mujer abusada. El líder narcisista y abusivo somete a la colectividad a todo tipo de tiranía emocional, física, económica y jurídica. Cuando se le pasa la mano y la colectividad se levanta adolorida, el líder le pide perdón o le dice que la quiere, y la colectividad se llena de esperanza de que sí, el líder la quiere, se portará mejor y tan malo no debe ser, si parece tan devoto al futuro en conjunto y tan lleno de promesas apasionadamente revolucionarias. Y aún cuando ya no creemos en los afanes de perdón, tampoco creemos que nos merecemos o podemos alcanzar un cautiverio mejor. O, mejor aún, una vida libre de entuertos y manipulaciones destructivas.

A mi querida Venezuela, en donde nací y crecí, le pasa lo mismo que a las parejas cautivas en su miseria emocional. Otros países que conozco menos pero también me duele ver como se van desenvolviendo sus destinos como Bolivia, Nicaragua, Argentina y Ecuador, sufren de distintos vestigios del síndrome, pero los ciclos de abusos, promesas rotas y perdones con golpes de pecho y genuino arrepentimiento, son los mismos.

En todos estos casos de mujeres, hombres y comunidades abusados, lo que se crea es una situación de co-dependencia nociva. La victima deja de crecer emocional e intelectualmente, pierde capacidad de discernimiento y libertad de acción. Anhelos de superación se ven ofuscados ante la mano permisiva y abusiva del tirano. Al final la victima muere figurativa ó realmente, o se revela contra el abusador. En una situación personal hay muchas posibilidades de escape real, sí el cautiverio emocional puede ser superado. En el caso de las comunidades, el escape colectivo es mucho más difícil y requiere de una voluntad social recia y decisiva para resistir los atropellos y eventualmente liberarse de la tiranía.

A esas mujeres y comunidades abusadas, que se merecen un Día de San Valentín liberador, les recuerdo que relaciones destructivas no mejoran con el tiempo. El abusador continúa con los abusos y la víctima se vuelve cada vez más débil, a menos que se rebele y tome posesión de su honor y su derecho a la libertad. En la comunidad e integridad personal está la fuerza más poderosa, y la fuerza verdaderamente redentora y liberadora del amor. Celebremos ese género de posibilidades en este Día de los Enamorados.