miércoles 18 de junio de 2008

Padrazos, Padrinos y Papacitos

Madre no hay mas que una. Los padres vienen en múltiples configuraciones. Primero tenemos a los padrazos. Mi padre era un padrazo. Nos cuidan con fundamento desde que nacemos. Nos dan lecciones de moralidad e integridad, y nos prenden y nos apagan las luces del intelecto y del cuarto, cuando nos quedamos dormidos después de mucho estudio o mucha parranda. Nos regañan constructivamente y nos señalan el camino mejor con paciencia y sabiduría aunque no sea el más fácil. No tengo la menor duda que grandes líderes jóvenes como Yon Goicoechea han contado con un gran padre pare darles dirección de vez en cuando, y a ese gran padre le mando mi respetuoso saludo y admiración en este día. Se debe sentir muy orgulloso de su hijo por la valentía que ha ejercido y su harta moralidad ante las tentaciones que el país nos arroja en cada esquina. Entiendo que este padre está preso y me entristece enormemente que no pueda celebrar con su familia y en su casa un día tan especial. Debería ser liberado generosa y humanamente. Alguien con un hijo tan bueno no puede ser tan malo como para estar preso, en un país en donde hay tanto crimen sin castigo. Padrazos como este se merecen todo tipo de homenajes, porque vuelven de sus hijos líderes universales inigualables y modelos de conducta para el mundo entero. No es fácil ser un padrazo. Requiere de innumerables sacrificios. Tantas veces tienen que decir que no o estar en discordia con el hijo que quieren, porque el camino de mayor virtud no es siempre el más sencillo ni el más lisonjero.

Luego tenemos a los padrinos. Padrinos hay muchos más que padrazos. Debe ser porque el título no conlleva demasiada carga, o porque hay muchos hombres a quien nadie escoge como padrino y le caen más ahijados a los demás (los padrazos se escogen a ellos mismos con vocación y regocijo como santo en búsqueda de realización e indulgencia). Padrinos cumplen una labor muy importante en la vida de los niños. Nos regalan bicicletas cuando nuestros padres no tienen con que comprarla. El mío me regaló una Raleigh negra y reluciente, que me abrió la puerta a un vecindario lleno de aventuras desafiantes y liberadoras. Nos dan la bendición cada vez que los vemos, haciéndonos sentir protegidos contra brujerías y hechizos malhechores. Cuando somos grandes, padrinos nos salen de vez en cuando, algunas veces sin interés alguno de por medio, aunque más frecuentemente cuando alguien quiere que les debamos un favor, para cobrarlo con intereses. De esos padrinos hay que cuidarse. Siempre cobran caro el favor que nos hacen. Los padrinos desinteresados nos cuidan, porque cuidan a todo el que se merezca cuidarlo. Esos son buena gente, que fertilizan la vida con su bondad y cariño al prójimo, y riegan sus matas y las de los vecinos. A esos les deseamos también un buen Día de los Padres.

Finalmente tenemos a los papacitos. Esos seres generosos y querendones, con el don de encantar a las damiselas como si fueran fakires enflautados. Regalan joyas y perfumes a cambio de que las jóvenes y menos jóvenes donosas les tarareen cantos de sirenas. Lo malo de los papacitos, es que generalmente están casados con otras y son figuras altamente licenciosas y traicioneras. De dulce les queda poco al acabarse los susurros y dormírseles la imaginación. Exigen alabanzas que llevan a esclavitud y luego les sale un mal humor que confunde, dado lo tiernos que parecen ser cuando están en el proceso de lograr sus turbios objetivos. Esos no deberían recibir regalos en el Día de los Padres, porque son unos deslizadores en búsqueda de lealtades que no se merecen. Si no han leído esta columna son capaces de quedarse ensimismados ante la presencia de un regalito flirtuoso de las damas que se aprovechan de sus debilidades existenciales. Hay mucho que aprender de los papacitos pero poco que emular y celebrar en este día. Yo no les daría ni desayuno en la cama.

Este Domingo es un día muy bello en el que se celebra la procreación responsable de la especie y el papel fundamental que juegan los hombres en definir un objetivo de responsabilidad y solidaridad hacia la carga de familia. Madre no hay sino una. Padres se necesitan todos los que puedan contribuir a mejorar la red de soporte de nuestras destartaladas comunidades. Para todos aquellos que se lo merecen en esta tierra y en el cielo, y parte de los que no se lo merecen, pero tratan: ¡Feliz Día de los Padres!

jueves 12 de junio de 2008

El Canario en la Mina

El día de las madres vino y se fue. Yo me sentí muy mal de no haber preparado una columna para celebrarlo y les pedí disculpa a todas las mías. Ellas me dijeron que no me preocupara por eso, que todavía podía hacerlo. Y por eso aquí va mi mensaje para todas las madres y sus hijos. Que no quede nadie excluido en ningún lugar del mundo.

Los mineros que se meten en las entrañas de la tierra para escarbar sus riquezas, llevan consigo lindos canarios. No solo porque les gusta su compañía, sino porque cuando el canario deja de silbar, es tiempo de salirse a respirar aire afuera de la mina. La falta de oxígeno en la mina afecta al canario antes que a los mineros, porque los canarios tienen los pulmones más chiquitos y silban mucho. Similarmente, me temo que cuando las sociedades y agrupaciones evitan a, prohíben su igualdad o son abandonadas por las mujeres (la mayoría da las cuales terminan siendo madres) es porque el oxígeno se está acabando en esas minas. No me cabe ninguna duda que la capacidad de resolver problemas está distribuida muy equitativamente entre los seres humanos de ambos sexos. No así la capacidad de crearlos. Seres de poca paciencia y alto grado de testosterona tienden a crear más problemas que seres comprensivos y maternales. Mujeres brillantes, trabajadoras y creativas terminan tolerando mucho abuso, mientras no sea por más de unas dos o tres horas al día. Por eso pueden tolerar maridos altaneros y bochornosos, siempre y cuando provean sustento para la familia. Pero esas mismas mujeres no toleran bien abusos en el trabajo que duran de 10 a doce horas. Mucho menos de su identidad y satisfacción depende de si ascienden a un puesto mejor o mejoran el salario, de lo que depende de hacer un buen trabajo para los seres queridos cuya felicidad y reciprocidad se vincula con la ternura que se les presta. Es por eso, que a la mujer se le atribuye una influencia sanamente civilizadora sobres las sociedades.

Sociedades como algunos de los pueblos alzados del Golfo y uno que otro caserío guerrillero, en donde no se observa participación activa de las mujeres en todas las facetas de la vida, terminan siendo descalabradas y llevadas a la autodestrucción. Por eso todas queremos que se nos casen los hijos, para que otras mujeres prosigan con la tarea infinita de domesticarlos, cuando sus propias madres terminan agotando su capacidad educativa. Similarmente, empresas y gobiernos en donde no se observa la presencia de la mujer en el trabajo, tienden a demostrar falta de creatividad, falta de adaptabilidad a las nuevas demandas competitivas e ineficiencias de otros tipos. Aunque los padres siempre han sido mejores para la pesca y la caza, las madres han manejado la cosecha en todas las sociedades que logran desarrollarse. Gran parte del aumento de la productividad de los Estados Unidos en los últimos treinta años, se debe a la incorporación de un gran número de mujeres y madres graduadas universitarias a la fuerza de empleo. Entre 1970 y 1990, se incorporaron a la vida laboral de los Estados Unidos alrededor de un 10% más de mujeres que de hombres. Esto llevó a una reducción del riesgo financiero de las familias de clase media, a un aumento acelerado de productividad y consumo, y por supuesto a una reducción de la necesidad de ahorrar, ante la disminución del riesgo financiero de la unidad familiar.

Por eso me preocupa observar que en nuestras sociedades, que avanzan dos pasos y retroceden uno, vemos una reducción del aumento de la participación de las mujeres en la vida corporativa y pública. Me temo que esas corporaciones y gobiernos van a terminar como minas sin oxígeno. Se puede observar una mayor participación de las mujeres en empresas propias, en donde ellas tienen capacidad de decidir su rumbo eficiente y utilitariamente. Eso me alegra. Tampoco tengo duda que las mujeres son grandes emprendedoras y que en cierta forma ese es su destino natural.

Que vivan las madres abnegadas y las mujeres emprendedoras. Ellas hacen a nuestros pueblos nobles y resistentes al abuso de la testosterona. Pero cuídenme a esos canarios hermosos y cantores que nos anuncian cuando hay que salirse de la mina antes de que nos ahoguemos por falta de oxigeno.

El domingo que viene escribo algo para los padres en su día, para que se sientan contentos, respiren profundamente y disfruten el canto de los canarios que miden el oxígeno de sus vidas.