domingo 20 de abril de 2008

Castigos Pre-Pagados

Tendría mi amiga Jimena unos 8 años cuando la Señorita Rosita la castigó por primera vez. Jimena debía quedarse haciendo 200 planas al final del día: “No debo hablar en clase”. El transporte nos vino a buscar a las cuatro de la tarde y todos nos fuimos a la casa menos Jimena. Al día siguiente me encontré a Jimena ocupada escribiendo planas y así todos los demás recreos regados por varias semanas. Jimena estaba acumulando planas para tenerlas listas la próxima vez que la castigaran. Muchacha astuta y precavida Jimena había preparado castigos para todo tipo de pecado:

-No debo hablar en clase

-No debo dejar las enaguas en el suelo

-No debo dejar que el perro se coma la tarea

-No volveré a vomitar el almuerzo sobre la mesa.

-No olvidare los libros en la bodega de la esquina.

-No le jalare las clinejas a Lupita.

-No le picare el ojo al profesor Cervantes.

Jimena estaba tan preocupada escribiendo castigos pre-pagados que no le quedó tiempo para cometer ningún otro pecado. Estaba completamente absorbida en la pasión del ahorro de castigos.

Pre-pagar castigos tiene grandes ventajas. Tener una suma de castigos pre-pagados nos da la libertad de pecar en abundancia y sin consecuencias inmediatas. Es mas, los catigos pre-pagados nos vuelven virtuosos. Jimena se engrandeció en el proceso pues como no le quedaba tiempo para travesuras sino para hacer plana y estudiar, hasta se convirtió en oradora de orden cuando nos graduamos de bachillerato.

Se me ocurre que muchas veces la vida nos castiga cruelmente y nos encontramos sin planas que entregar para escaparnos rápido del castigo. El día pasa en donde las cosas no salen bien: se traba el tráfico, nos deja el marido, nos asaltan en el supermercado sin haber encontrado huevos que comprar, nos cae un dengue ponzoñoso que no responde ni a compresas de mertiolato ni a rosiadas de agua bendita.

¿Será por eso que los gobiernos se ponen de mal en peor? ¿Será que los gobiernos nos tocan como castigos pre-pagados y que en el futuro no libraremos de la tiranía de la incompetencia, el desperdicio y el abuso? ¿Es que estamos pre-pagando por los grandes líderes que van a aparecer en el futuro cuando estos estudiantes serios, honestos, y dedicados emprendan una tarea de gobernar con inteligencia, respeto y acierto?

El martes pasado me encontré con Jimena y le pregunte si le quedaba algún castigo pre-pagado. Ella se río y me dijo seria y resignada: “Tengo mil planas que dicen no volveré a votar por un candidato que prometa regalarme nada” ¿Y por qué no las has usado Jimena, si en ese castigo estamos enredados todos? Jimena me dijo: “hay, amiga, no los he podido usar porque nadie, no la señorita Rosita me las ha pedido.” Por Dios Jimena, dame las planas y siéntete libre de votar por quien te parezca serio y dispuesto. Dame quinientas y vete en paz.” He empapelado la pared del baño con las planas de Jimena para que no se me olvide que castigos pre-pagados dan vuelo a la imaginación de los inocentes y los vuelve pecadores de gaveta, que son los más valientes y los que llegan más lejos, porque los pecadores de closet se salen del closet de vez en cuando.

domingo 13 de abril de 2008

Evoluciones y Revoluciones

La naturaleza esta siempre en proceso de evolución y adaptación, pero de vez en cuando el proceso es victima de cambios estructurales violentos que producen discontinuidades peligrosas. Los fenómenos telúricos: Terremotos, marejadas, tormentas asesinas, y los seres humanos que nacen con cola de cochinito y cachos de diablo son ejemplos revolucionarios de la naturaleza. Aunque las revoluciones son muy costosas, por su violencia, destrucción y efecto sobre las primas de las compañías de seguros y la fluctuación de precios que tanto atormentan a los consumidores, las revoluciones son tan inevitables como las explosiones volcánicas. Pero algunas revoluciones no son naturales y éstas si son y deben ser evitables. ¿Porqué producir sustos y sobresaltos en los niños, cuando se les pueden cantar canciones de cuna para que duerman bien y sean productivos en el colegio al día siguiente? Esta es la función principal de padres abnegados y dignos. ¿Para qué producir descalabros en la economía y en las relaciones humanas que no van a conducir a una sociedad más productiva y coherente?

Por lo que se ve en Venezuela y en otros países donde aparecen gobiernos revolucionarios, la pobre población entusiasmada por la posibilidad de un milagro “revolucionario”, termina como quien dice sin el chivo y sin el mecate.

Las magníficas “misiones” que entraron barrio adentro y nos ilusionaron con la posibilidad de llevar servicios médicos básicos a nuestra necesitada población han fracasado en una gran mayoría, con excepción de una que otra que mantenemos en vitrina para compradores de revoluciones incautos. Me dicen que hay más de 1,800 médicos cubanos que han huido de su empleo revolucionario. Y algunos de esos traidores oportunistas están ya probando suerte en Miami y Santo Domingo, en donde las cosas funcionan mejor que en barrio adentro.

Lo triste es que por ser revolucionarios hemos destruido la poca capacidad de prestar servicios médicos básicos a través del Ministerio de Sanidad y los Seguros Sociales. Vacunaciones, tratamientos de disentería y deshidratación en los niños, medicina básica que aplicada a tiempo salva vidas, ya no se hacen porque la famosa revolución ha truncado la evolución y funcionamiento de las instituciones que teníamos antes. Serían malas o mediocres, pero existían y funcionaban mal que bien. Por lo menos no nos atacaban pestes bubónicas y habíamos erradicado el paludismo y la polio.

Hoy día estamos vulnerables a cualquier plaga o epidemia conocida porque no tenemos ni mercurocromo. La escasez de medicinas y médicos venezolanos es tan grande que la prevención y tratamiento médico de pobres y ricos por igual están colapsados.

A mí que me den evoluciones y no revoluciones. Las revoluciones se las regalamos a los franceses que han hecho un mito de ellas, pero con el mito se han conformado por 200 años. ¡Una vez y más nunca! Cantan ahora al son de La Marsellesa, particularmente después de que la Revolución Francesa mató a más gente que las pestes medievales. Esa revolución les trajo las guerras Napoleónicas que convirtieron a un soldado competente y audaz en un emperador insoportable, que termino vencido y desterrado en Santa Helena. Hubiera sido mejor que Napoleón, el guerrero, se hubiera limitado a escribir el Código Napoleónico. Pero nadie es perfecto. Por eso es que son siempre mejores las evoluciones paulatinas que las revoluciones altaneras, confusas y destructivas.