lunes 3 de noviembre de 2008

Ventanas sin Rejas

Hace un par de días tuve el placer de conocer a un actor venezolano, talentoso, culto, inteligente e integro. Era en ocasión de un festival de cine en Los Angeles, en donde la película venezolana, El Pasajero, en la que el compartía una protagonización galardonada. Hablando a larga distancia con su esposa, le comentaba con sorpresa, que estaba en un apartamento en un segundo piso, observando la linda vista de la ciudad de Los Angeles. Al atardecer la vista le recordaba a Caracas, con algunas palmeras y cerros en el horizonte, y un perfil de casas de arquitectura española, intercaladas con rascacielos.

Me sorprendió cuando le dijo maravillado, que no había rejas en la ventana. Los venezolanos han olvidado que en la mayor parte del mundo, se vive sin rejas en las ventanas. Es sólo en unos pocos países en donde impera el crimen y la anarquía, en donde los ciudadanos tienen que escoger encarcelarse en sus casas, apartamentos y barrios para protegerse de una inseguridad que abisma y agobia a los que viven en ella. La guetificación del país en el que nací me acongoja más allá de lo que hubiera podido predecir, cuando muchos años atrás me fui en búsqueda de una vida más intelectual y pacífica.

De hecho hay ya toda una generación de venezolanos, que se encarcelan todas las noches para evitar que les roben o les maten. Es asombrosa la capacidad de los seres humanos de adaptarse y tolerar ese grado de inseguridad y falta de derechos básicos. Si estuviéramos presos involuntariamente, uno podría agitar a la ciudadanía para que destruyeran esas rejas que nos separan de los demás y nos crean una desconfianza infinita en nuestro entorno. ¿Pero qué hace uno cuando una ciudadanía se encierra tras rejas voluntariamente? ¿Qué hace uno cuando los asesinos y ladrones andan libres en las calles, y la gente trabajadora y honesta está encarcelada, detrás de sus rejas?

¿Hasta cuándo aguantaran mis compatriotas esa suerte tan negra que les ha restado su libertades más básicas? Ventanas sin rejas es el destino y la realidad de una gran parte de los habitantes de este mundo, pero no la de los venezolanos.

Como puede ser que el gobierno, encargado de establecer paz y respeto entre los ciudadanos, haga nada por garantizar la paz. Más aún, los líderes hacen espaviento de los excesos del poder abusando aún más de las libertades más básicas del ser humano y forzando a los pobres venezolanos a vivir presos en sus viviendas.