martes 7 de octubre de 2008

Obama/Biden vs. McCain/Palin

La política norteamericana se ha convertido desde hace muchos años, en la discusión de dos temas fundamentales: la intervención del gobierno en la economía y la intervención del gobierno en las libertades ciudadanas. La dicotomía es sorprendente, porque un partido cree en libertades personales y el otro en libertades económicas. Los Demócratas propagan libertades individuales como la libertad de una mujer de elegir o terminar el embarazo y libertad de preferencia sexual incluyendo matrimonio, pero quieren una mayor intervención del gobierno en la economía y en el reparto de riqueza entre ricos y pobres. A los Republicanos les repugnan las libertades individuales. Quieren que el gobierno intervenga en decidir lo que es moral y aceptable o inmoral e inaceptable. Quieren que los pecados sean regulados por las leyes y no por la conciencia individual. Pero no les gusta que el gobierno intervenga en la economía. Eso se lo quieren dejar a lo mercados para mejorar la productividad y el crecimiento económico. Sin embargo, fue Abraham Lincoln, un Republicano, el que propugno la libertad de los esclavos. Es difícil reconciliar estos entuertos políticos, a menos que uno considere al esclavo como un factor de producción, y desde el punto de vista de libertad de mercado, justifiquemos ese tipo de libertad individual. Sería preferible tener un partido que le guste la libertad económica e individual, y otro que le guste la dirección y opresión gubernamental. Pero como los valores económicos y morales están tan entremezclados, esto fuerza a todos los electores confundidos y contrariados a irse por el medio. Por eso no debe de sorprendernos que haya coaliciones contradictorias que lleven a un voto 50/50. Esto no es malo, porque contribuye a la diversificación del poder.

Después de una guerra tan larga y controversial como la de Irak, y las dificultades del mercado financiero de los últimos 12 meses, la taza de aprobación del Presidente Bush está más baja que la de un tirano sin control sobre los votos. Obama, el candidato Demócrata, es un orador de primera, levanta muertos. McCain, el Republicano, héroe de Vietnam, promete reformar los abusos del gobierno y enderezar la manipulación del congreso y de la administración. Promete educar mejor a los niños, y recontratar a adultos que han perdido sus puestos, porque los Hindúes, Chinos y Brasileños son más productivos y se quejan menos que los sindicalistas Norteamericanos. Hoy por hoy, McCain más que Obama se opone al rescate abierto de los sectores financieros que han abusado del crédito abundante y barato, crecido e invertido sin recato.

Los Demócratas protegen los privilegios de los sindicatos de maestros y obreros, y no quieren ni reformas educativas ni competencia internacional. Una victoria Demócrata, si bien presentaría una cara más humana y universalista en manos del ingenioso y encantador Obama, estaría condenada a restringir la libertad de comercio con Latinoamérica. La prometida subida de impuestos para cubrir el déficit fiscal llevaría a una pérdida de competitividad, producción y empleo, y probablemente mayores restricciones a la inmigración Latinoamericana. Una victoria Republicana, en manos del reformador McCain, mantendría la supremacía militar Norteamericana, con todo lo odioso de esa supremacía para el resto del mundo; tendría una cierta esperanza de reducir el tamaño del gobierno, pero menores esperanzas de reducir el déficit fiscal a menos que haya una gran reducción del gasto público. Reducciones de gasto público son más difíciles de emprender que una dieta exitosa y duradera.

Ninguno de los candidatos quiere aumentar el ahorro individual. Ninguno está ofreciendo lo que deberían ofrecer que es una exención de impuesto para el ahorro y la inversión. Así que los Norteamericanos seguirán consumiendo más allá de lo que les ingresa, hasta que se empiecen a morir de viejos en los próximos 10 años.

Yo quiero ver un candidato, que promueva el ahorro, la moralidad como decisión individual, mérito al trabajo y libre comercio. Voy a tener que votar por los candidatos colombianos y chilenos, si me dejan. No se porque en las democracias hay que votar por gente en lugar de por una lista escogida de ideas, y los candidatos que deban poner las ideas en funcionamiento. Desafortunadamente, la experiencia nos enseña que las ideas tienen menos credibilidad que los candidatos.