Yo no soy china ni portorriqueña, ni cometo muchas faltas ortográficas. Eso es por si creen que la L del título es en realidad una R. Pero la mera idea del desarme me recuerda que hace más de 50 años Costa Rica desbandó a su ejercito y le vendió, quizás, a unas guerrillas tercer mundistas o banda delincuente todos los fusiles y cañones que tenían acumulados. Sabiamente decidieron los Ticos que lo que gastaban en bayonetas y granadas se lo iban a meter a educar a sus niños y mejorar la salud de pordioseros y descopetados. Desde entonces, los Ticos se han vuelto los más desarrollados de los Centro Americanos. Comen como caribeños: tres leches, arepas, arroz con frijoles, y lechones dulces como bolero, pero viven distinto. Tienen más orquestas juveniles, comida, salud y buenos maestros de escuela per capita que nadie en el nuevo mundo. Hace un par de años llevaron a la cárcel a un ex presidente que se podría haber lucido como Secretario General de la OEA, ¡por haber aceptado una comisión de $250,000 dólares! Esa cifra tan chica que apenas un hermoso Mercedes compra en otros países, acabó con la carrera internacional de uno de sus líderes.
Costa Rica sostiene su progreso por la fuerza de sus almas, seriedad y respeto a la humanidad del prójimo, lealtad, capacidad de trabajo, creatividad, afán de mejorar el grupo. Esa es la comida del alma y las fuerzas almadas. Costa Rica no es perfecta pero es bastante extraordinaria como país. En cambio en otras sociedades, que creen que saben mucho, mientras se mueren niños y viejos por abandono y por falta de medicinas, se gastan millones en armamento, sin tener argumentos serios para hacerlo. Como si tuviéramos almas de dictadores, nos encantan los aviones, helicópteros y tanquetas amenazantes en desfiles cursis y despliegues de poder insensatos. ¿Se acuerdan de los desfiles de Hitler, de Stalin, de Kruschev, de Franco y de Fidel, con los miles de marchantes volteando el rostro y sacudiendo una mano extendida y larga hacia el dictador del momento? Vimos esos desfiles hipnotizados por lo desalmado de los actores. ¿Dónde está el alma, el norte de la brújula que nos enseña el camino sensato y respetuoso de todos los que nos acompañan en la caminata de la vida? ¿Dónde están las fuerzas almadas que buscan enaltecer a nuestros compatriotas y abrirles el paso a un mejor país? ¿Dónde está la fuerza almada que constriñe a gobernantes alienados en tantos países, con un poder moral e institucional más fuerte que el poder militar? ¿Dónde están que no se les oye el mensaje de sensatez que nos llevan a hacer mejores cosas en esta tierra y a ser más grandes como país? ¡Que salgan los dirigentes intelectuales que nos orienten y corrijan la corrupción y la insensatez de tanto oportunista y aprovechado! ¡Que se arme la fuerza del respeto humano y se desarmen los abusos! Si los países tienen ejércitos, ellos deben ser utilizados solo en defensa legítima del territorio y sus habitantes, contra agresores ilegítimos y a ultranza en defensa de la Constitución y de la identidad ciudadana. Tal es el caso de Colombia, nuestra hermana fronteriza, a la que maltratamos sin motivo, cuando no tenemos algo más con que entretenernos. Jamás deben los ejércitos ser utilizados en defensa de los objetivos personales de ningún individuo. La vida de los militares es tan valiosa como la vida de cada uno de los ciudadanos y no debe de ser jugada en vano. El alma de una fuerza armada ennoblece el destino de los ciudadanos a quien protege. Nunca puede la fuerza armada destruir el alma ciudadana.
martes 5 de agosto de 2008
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