La excelencia es una necesidad, no es un lujo. No sólo para el individuo y su comunidad, sino más aun para los líderes. En muchos países de Latino América estamos siempre dispuestos a ayudar a los hambrientos y enfermos, pero no nos sentimos igualmente obligados a apoyar a aquellos que se destacan en alguna profesión y empeño. Si vemos buenos alumnos, muchachos brillantes, pianistas, mecánicos, o futbolistas que se lucen entre la niñez y la adolescencia, los dejamos abandonados a su destino precoz, ¡como si esos muchachos con dotes de excelencia no necesitaran más de nuestro apoyo! Nos decimos, esos no necesitan ayuda sí ya nacieron premiados.
En contraste, aquellos países que se denotan por altas tazas de crecimiento económico e institucional se comportan muy distinto respecto a sus mejores valores. Los brasileños, que entienden de eso, figuran en el fútbol, porque desde que sus chicos dejan de gatear y aprenden a patear una pelota, empieza la pre-selección y el entrenamiento para ver quien va a ser el próximo Pelé. Los chinos, norteamericanos y singapoureanos identifican a sus genios desde chicos y los cuidan y ayudan como la gran esperanza nacional que son. Pero muchos en Latino América desconfiamos de la excelencia, como si fuera un resabio de élites banales y decadentes. ¡Que confusión tan grande! Y que desperdicio de oportunidades.
La excelencia no respeta clases (alabado sea Dios) ni tamaño de empresa. La excelencia aparece como un milagro genético en todos los estratos sociales, pero si no la apoyamos se distrae y se pierde. Nuestros líderes intelectuales, políticos e industriales dejan tanto que desear, porque ni siquiera nos fijamos si su conducta y metas caben dentro del concepto de excelencia o si más bien son mediocres vendedores de promesas falsas. La excelencia no es un lujo, es una de las necesidades menos satisfechas en el continente americano. Y el acceso a la excelencia debe ser un derecho universal para todos aquellos que así aspiran. Reconocer la excelencia es muy fácil. La excelencia se nota en el niño que respeta instrucciones sensatas, que quiere hacer el bien, en los padres que se ocupan de mejorar la educación de sus hijos, en los jefes que se preocupan por el crecimiento profesional y personal de sus empleados, en los políticos que no hacen promesas descabelladas ni mienten con un cinismo descarado, como carcajada frívola en restaurante caro. Se nota en el respeto con el que tratamos a nuestros familiares y compatriotas. Se nota en el tiempo que dedicamos a aprender y trabajar en vez de ver que negocito sucio podemos urgir con el político de turno. La excelencia se nota en lo balanceado de nuestros actos y nuestras ambiciones. La excelencia es comedida y no hace alardes de grandeza, porque es siempre exigente y siempre nos deja cortos y modestos.
Reconocer y apoyar la excelencia ni siquiera requiere de grandes recursos. Requiere de voluntad y aprecio por la extraordinaria contribución que la excelencia aporta a nuestra evolución social y económica. Premios a la excelencia son una forma de impartir el mensaje de su importancia y de motivarnos a perseguir el objetivo individual y colectivamente. La excelencia se premia en sociedades triunfadoras con buenas notas, admiración hacia los buenos actos, reconocimientos públicos merecidos, respeto y compensación apropiada por el trabajo responsable, y votos libres y serios en los procesos electorales. La mediocridad es reprensible y corrosiva porque destruye al individuo y a la colectividad que la condona y la premia. El respeto a la excelencia debería de ser uno de los más importantes derechos humanos y hasta debería ser garantizado en nuestra constitución. Por lo mínimo la mediocridad debe ser castigada con votos en contra cada vez que podamos elegir a nuestros gobernantes. Sociedades que eligen regimenes corruptos y mediocres son tan mediocres y corruptas como sus gobernantes. Es difícil escaparse del grillo de la mediocridad si dejamos que nos atrape, pero no es imposible. En la lucha por la excelencia está el secreto de la libertad.
lunes 25 de agosto de 2008
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1 comentarios:
hola, buenas lineas...
triste realidad...aca en chile...se hunde a quienes demuestran potencial para algo...simplemente egoismo y envidia humana....lo que llamamos "administraciones mediocres..."...en chile...abundan los adultos que perjudican a jovenes con potencial....