El día de las madres vino y se fue. Yo me sentí muy mal de no haber preparado una columna para celebrarlo y les pedí disculpa a todas las mías. Ellas me dijeron que no me preocupara por eso, que todavía podía hacerlo. Y por eso aquí va mi mensaje para todas las madres y sus hijos. Que no quede nadie excluido en ningún lugar del mundo.
Los mineros que se meten en las entrañas de la tierra para escarbar sus riquezas, llevan consigo lindos canarios. No solo porque les gusta su compañía, sino porque cuando el canario deja de silbar, es tiempo de salirse a respirar aire afuera de la mina. La falta de oxígeno en la mina afecta al canario antes que a los mineros, porque los canarios tienen los pulmones más chiquitos y silban mucho. Similarmente, me temo que cuando las sociedades y agrupaciones evitan a, prohíben su igualdad o son abandonadas por las mujeres (la mayoría da las cuales terminan siendo madres) es porque el oxígeno se está acabando en esas minas. No me cabe ninguna duda que la capacidad de resolver problemas está distribuida muy equitativamente entre los seres humanos de ambos sexos. No así la capacidad de crearlos. Seres de poca paciencia y alto grado de testosterona tienden a crear más problemas que seres comprensivos y maternales. Mujeres brillantes, trabajadoras y creativas terminan tolerando mucho abuso, mientras no sea por más de unas dos o tres horas al día. Por eso pueden tolerar maridos altaneros y bochornosos, siempre y cuando provean sustento para la familia. Pero esas mismas mujeres no toleran bien abusos en el trabajo que duran de 10 a doce horas. Mucho menos de su identidad y satisfacción depende de si ascienden a un puesto mejor o mejoran el salario, de lo que depende de hacer un buen trabajo para los seres queridos cuya felicidad y reciprocidad se vincula con la ternura que se les presta. Es por eso, que a la mujer se le atribuye una influencia sanamente civilizadora sobres las sociedades.
Sociedades como algunos de los pueblos alzados del Golfo y uno que otro caserío guerrillero, en donde no se observa participación activa de las mujeres en todas las facetas de la vida, terminan siendo descalabradas y llevadas a la autodestrucción. Por eso todas queremos que se nos casen los hijos, para que otras mujeres prosigan con la tarea infinita de domesticarlos, cuando sus propias madres terminan agotando su capacidad educativa. Similarmente, empresas y gobiernos en donde no se observa la presencia de la mujer en el trabajo, tienden a demostrar falta de creatividad, falta de adaptabilidad a las nuevas demandas competitivas e ineficiencias de otros tipos. Aunque los padres siempre han sido mejores para la pesca y la caza, las madres han manejado la cosecha en todas las sociedades que logran desarrollarse. Gran parte del aumento de la productividad de los Estados Unidos en los últimos treinta años, se debe a la incorporación de un gran número de mujeres y madres graduadas universitarias a la fuerza de empleo. Entre 1970 y 1990, se incorporaron a la vida laboral de los Estados Unidos alrededor de un 10% más de mujeres que de hombres. Esto llevó a una reducción del riesgo financiero de las familias de clase media, a un aumento acelerado de productividad y consumo, y por supuesto a una reducción de la necesidad de ahorrar, ante la disminución del riesgo financiero de la unidad familiar.
Por eso me preocupa observar que en nuestras sociedades, que avanzan dos pasos y retroceden uno, vemos una reducción del aumento de la participación de las mujeres en la vida corporativa y pública. Me temo que esas corporaciones y gobiernos van a terminar como minas sin oxígeno. Se puede observar una mayor participación de las mujeres en empresas propias, en donde ellas tienen capacidad de decidir su rumbo eficiente y utilitariamente. Eso me alegra. Tampoco tengo duda que las mujeres son grandes emprendedoras y que en cierta forma ese es su destino natural.
Que vivan las madres abnegadas y las mujeres emprendedoras. Ellas hacen a nuestros pueblos nobles y resistentes al abuso de la testosterona. Pero cuídenme a esos canarios hermosos y cantores que nos anuncian cuando hay que salirse de la mina antes de que nos ahoguemos por falta de oxigeno.
El domingo que viene escribo algo para los padres en su día, para que se sientan contentos, respiren profundamente y disfruten el canto de los canarios que miden el oxígeno de sus vidas.
jueves 12 de junio de 2008
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