Como todo el mundo expuesto a enseñanzas religiosas, desde niña quedé profundamente impresionada por los poderes divinos. Dios tiene habilidades y poderes infinitos. Los seres humanos tenemos poderes bastantes limitados, pero aspiramos a extender esos poderes para alcanzar al de los Dioses. Tomando el desayuno con un buen amigo, discutíamos ayer los problemas enfrentados por la administración de Obama, los aciertos en el campo de relaciones públicas nacionales e internacionales, y los errores que se están cometiendo al agrandar los tentáculos arrulladores del poder público, que empiezan con promesas virtuosas y terminan estrangulando el crecimiento económico de los países. Todos nos arrimamos al árbol que da sombra, hasta que se le caigan las hojas. Mientras nos arrimamos dejamos de tomar riesgos, crecer y mejorarnos. Más aun, no desarrollamos otros mecanismos más eficientes de protección e integración con otros seres humanos e instituciones.
Analizando con mi amigo, estrategias de mejora de los sistemas de salud pública, y las dificultades de mantener altas tazas de innovación en la medida en que crecen las empresas, descubrimos algo muy sencillo y reveladoramente trágico. Nuestro alabado Dios Todopoderoso, es un diletante. Por eso es que el mundo enfrenta sucesos tan sorpresivos y destructivos. ¡Si Dios hubiera escogido algún tipo de especialización, los humanos, particularmente los que aspiramos a ser dioses, también escogeríamos altos niveles de especialización y todo funcionaría mucho mejor!
Los gobiernos deben especializarse en cubrir riesgos epidémicos, defender a sus tribus de ataques inesperados de tropas invasoras y destructivas, y asegurar que se cumplen las leyes. Los gobiernos ni saben ni pueden manejar empresas, sanear bancos, producir acero o electricidad, y menos aun gerenciar empresas de alta tecnología. No quiero meterme en si los gobiernos deben manejar la educación, porque esa es una batalla perdida hasta en los países mas iluminados. Pero es por algo que la industria de la educación es en la que ha habido menos aumentos de productividad en los últimos cien años.
La medicina y la administración eficiente de salud pública, también nos enseñan mucho sobre las ventajas de la especialización. Los médicos no deben pretender ser mucho más que supervisores de procesos de intervención farmacológica o quirúrgica. Las cirugías y la mayor parte de los suministros medicinales, deberían de estar, metafóricamente en manos de comadronas. En Venezuela las curas funcionaban mejor cuando los farmaceutas recomendaban medicamentos básicos, aun cuando restringidos, para curar enfermedades ordinarias. Expertos especializados en repetir operaciones y curas con pericia e infinita experiencia hacen mejor trabajo que el gran doctor cuyas responsabilidades están divididas entre flirtear con pacientes ricos y manejar hospitales. La mayor parte de la medicina, excepto casos de enfermedades raras, cuyas curas requieren de gran creatividad, debe de estar a cargo de carpinteros, electricistas y plomeros de la medicina. Literalmente hablando, sitios en donde técnicos sin especialización medica, se especializan en operaciones y curaciones de rutina y lo hacen bien, es más, mejor que médicos menos especializados, que están mas interesados en volverse Dioses, toreros y diletantes. Países que han separado las rutinas quirúrgicas de otros procesos más sofisticados y que requieren de más imaginación, ciencia y creatividad, tales como Cuba, China, Rusia, Canadá y muchos países Europeos, muestran altas tazas de éxito en tratamientos rutinarios y menor tazas de mortalidad en operaciones básicas, atendidos por técnicos sin grados de Doctor (quizás con un grado de técnico de salud). Por eso es mejor no tener a generales haciendo de policías o manejando países.
Aquellos que creen que lo pueden hacer todo, porque tienen poderes y habilidades infinitas y de origen divino o mitológico, terminan haciéndolo todo mal. Si Dios no fuera un diletante, hubiera eliminado todos los fenómenos telúricos. Pero como Dios quiere estar en el negocio de conseguir novios, ganar loterías o conseguir monederos perdidos, no puede tener tiempo de especializarse en las cosas mas importantes que los humanos de verdad no podemos resolver. La clave para un mundo mejor es la especialización y no el diletantismo. Los diletantes deben estar circunscritos a esos hijos inútiles de gente rica que botan el dinero de sus padres y redistribuyan la riqueza lo más pronto posible. Hasta los seres más creativos y con capacidades más expansivas, tienen que aprender a especializarse. Si de creatividad se trata, los seres creativos no deben tratar de controlar todo lo que les rodea, eso se lo deben dejar a los gerentes especializados. No es un accidente que la iglesia católica ha promovido a tanto santo. Estoy segura que el propósito de la iglesia es ayudar a Dios a especializarse en las cosas más importantes del destino humano y dejar que los más humildes santos hagan los milagros del día.
Como se habrán dado cuenta, estas notas no son sobre el dilema de la existencia de Dios o la validez de los santos, que es indudable. Ese es un dilema inventado por seres humanos, cuyo objetivo es no encontrar solución. Estas notas son sobre la importancia de desarrollar escuelas técnicas de entrenamiento, no solo en carpintería, plomería, electricidad y peluquería, pero escuelas técnicas de entrenamiento medico, de ingeniería de construcción, tutelajes educacionales, de empleados públicos y mucho mas. Si nuestros empleados públicos obtuvieran diplomas certificados de sus conocimientos técnicos y ética profesional, les costaría más volverse oportunistas y corruptos, tendrían el riesgo de perder sus titulo profesional y, aún más valioso, perderían el orgullo de ser un especialista en la materia. Orgullo profesional y especialización van mano en mano. Diletantismo es consumismo psicológico de baja productividad social.
miércoles 3 de junio de 2009
martes 12 de mayo de 2009
La Liturgia de la Vida
En un mes tengo que dar un homenaje a Philip Glass. Philip Glass es un compositor contemporáneo famoso por muchas razones. Gran pianista entrenado en Julliard y por la extraordinaria diosa del la teclas Nadia Boulanger; compositor extraordinario e inolvidable quien pasará a la posteridad como un Mozart o un Beethoven cualquiera; barredor de basura concesionaria en las composiciones cinemáticas de largometrajes como Kundun, El Ilusionista y Las Horas y artista creador de operas como Einstein on the Beach y Monsters of Grace.
Porque quiero elogiar su obra en una forma que haga justicia a su creación, talento y humanidad, me he metido como un Voyeur gozón en el mundo de su música y de su vida. A Philip Glass no le gusta que las experiencias como la vida comiencen y terminen. El quiere vivir y crear infinitamente. Tal como en los cantos gregorianos, su percepción de la vida es una forma de liturgia mundana. Lo mundano y lo divino se conjugan en la repetición alienante, alucinante o precoz de lo que permanece y adquiere el sentido que le damos. Vivir la vida litúrgicamente es la forma más elegante, desprendida y engranada de vivirla.
Como un árbol que se extiende del cielo a la tierra poseído de luz y oxígeno, y preñado de semillas infinitas, su obra como su vida, está llena de luz, de sombra, de flatulencias, de profundas congojas, descubrimientos y sorpresas. Tempestades y calmas son lo mismo si nos prestamos a observar su belleza y su crueldad. No hay lecciones en la vida o en su obra, pero hay experiencia compartida con los que tocamos y nos tocan. Hay extraordinaria disciplina, noble trabajo como forma de conexión fugaz y duradera con el tiempo, el espacio, y el amor que transciende tiempo y espacio. Que placer compartir la vida con su sonido, su honestidad y su vitalidad, su sentido de humor y su energía. Me siento cargada de esperanza, hasta por Venezuela, que me acongoja cuando no habito el mundo de Philip Glass.
La liturgia de la vida en Venezuela no parece transcurrir como un canto gregoriano. Transcurre mas como una mezcla de Rap, Hip-hop, bolero y rumba desafinada. Es mas, la vida en Venezuela no tiene nada de liturgia. Nada es predecible excepto el caos. Y así los días caóticos nos sorprenden con milagros. La liturgia venezolana no es barroca, o renacentista, pero tiene momentos milagrosos de orden, virtud y excelencia que aparecen inesperadamente y nos dan esperanza de un mundo posible. El país de los milagros se desarrolla de sobresalto en sobresalto, de bancarrota en bancarrota. Se construyen molinos, represas y fábricas, que se transforman con el paso del tiempo en latón. Se reconstruyen autopistas y puentes casi siglos después que se ha perdido la esperanza. Hemos tenido suerte de no ser un desierto africano, si no en vez una diversidad biológica y ecológica viva en contrastes. Si hubiéramos sido desierto africano, hace ya mucho nos hubiera quemado el sol y llevado el viento nuestras cenizas arenosas. ¡Que suerte que tenemos! La de los ganadores de lotería. Ricos de un día para otro y pobres para el resto de la vida.
La liturgia de nuestra vida ciertamente no es gregoriana, y Philip Glass hubiera perdido su ritmo monótono y aventurero en el tráfico compacto e imperecedero de Caracas.
Porque quiero elogiar su obra en una forma que haga justicia a su creación, talento y humanidad, me he metido como un Voyeur gozón en el mundo de su música y de su vida. A Philip Glass no le gusta que las experiencias como la vida comiencen y terminen. El quiere vivir y crear infinitamente. Tal como en los cantos gregorianos, su percepción de la vida es una forma de liturgia mundana. Lo mundano y lo divino se conjugan en la repetición alienante, alucinante o precoz de lo que permanece y adquiere el sentido que le damos. Vivir la vida litúrgicamente es la forma más elegante, desprendida y engranada de vivirla.
Como un árbol que se extiende del cielo a la tierra poseído de luz y oxígeno, y preñado de semillas infinitas, su obra como su vida, está llena de luz, de sombra, de flatulencias, de profundas congojas, descubrimientos y sorpresas. Tempestades y calmas son lo mismo si nos prestamos a observar su belleza y su crueldad. No hay lecciones en la vida o en su obra, pero hay experiencia compartida con los que tocamos y nos tocan. Hay extraordinaria disciplina, noble trabajo como forma de conexión fugaz y duradera con el tiempo, el espacio, y el amor que transciende tiempo y espacio. Que placer compartir la vida con su sonido, su honestidad y su vitalidad, su sentido de humor y su energía. Me siento cargada de esperanza, hasta por Venezuela, que me acongoja cuando no habito el mundo de Philip Glass.
La liturgia de la vida en Venezuela no parece transcurrir como un canto gregoriano. Transcurre mas como una mezcla de Rap, Hip-hop, bolero y rumba desafinada. Es mas, la vida en Venezuela no tiene nada de liturgia. Nada es predecible excepto el caos. Y así los días caóticos nos sorprenden con milagros. La liturgia venezolana no es barroca, o renacentista, pero tiene momentos milagrosos de orden, virtud y excelencia que aparecen inesperadamente y nos dan esperanza de un mundo posible. El país de los milagros se desarrolla de sobresalto en sobresalto, de bancarrota en bancarrota. Se construyen molinos, represas y fábricas, que se transforman con el paso del tiempo en latón. Se reconstruyen autopistas y puentes casi siglos después que se ha perdido la esperanza. Hemos tenido suerte de no ser un desierto africano, si no en vez una diversidad biológica y ecológica viva en contrastes. Si hubiéramos sido desierto africano, hace ya mucho nos hubiera quemado el sol y llevado el viento nuestras cenizas arenosas. ¡Que suerte que tenemos! La de los ganadores de lotería. Ricos de un día para otro y pobres para el resto de la vida.
La liturgia de nuestra vida ciertamente no es gregoriana, y Philip Glass hubiera perdido su ritmo monótono y aventurero en el tráfico compacto e imperecedero de Caracas.
martes 28 de abril de 2009
Indiferencia
El amor no es lo contrario del odio. Ambas emociones surgen del mismo anhelo: la ambición de compartir. En el caso del amor hay la esperanza de la reciprocidad. En el caso del odio la esperanza se encuentra perdida en la percepción del rechazo. Lo contrario del amor y el odio es la indiferencia. La indiferencia es la separación forzada y lograda de lo que nos agrede. La indiferencia es un arma poderosa y destructiva. Los seres humanos crecemos cuando tendemos puentes que nos unen. Cuando los puentes se levantan para resguardar fronteras psicológicas corremos el riesgo de alienarnos. Alienación temporal es deseable en casos en que tenemos que protegernos psicológicamente de ataques extremos. En esos casos alzar los puentes como en los castillos medievales, nos permite sobrevivir temporalmente el ataque. Momentos de introspección nos permiten anclarnos en idiosincrasias creativas y nobles. Alienación permanente nos vuelve inhumanos. Líderes y criminales asaltan a sus comunidades y congéneres motivados por olas continuas de alienación. Solos y sin nexos emocionales duraderos, muchos sobrevivimos a través del oportunismo y el abuso. Pero la alienación termina matando el alma de los pueblos. Pueblos sin almas terminan canibalizando sus valores más imperecederos y acortan sus esperanzas de vida física, económica y espiritual.
Todo esto parece una suerte de inundación de palabras vagabundas, pero no lo es. En países donde reina el oportunismo y el abuso, los seres humanos buscan la guarida de la indiferencia para sobrevivir. En países en donde existe el respeto y la ley, los seres humanos pueden abrirse a depender más duraderamente de la superación individual y colectiva. Pueblos con alma crean redes que permiten la superación individual y colectiva porque cuentan con redes protectoras formadas por cualidades que transcienden las crueldades del momento.
Es difícil entender como en la Alemania de Hitler, un par de guardias armados podían amedrentar a cientos o miles de judíos desarmados. Las victimas de la represión Nazi habían perdido la capacidad de responder emocionalmente al abuso. Lo que ocurrió en la Alemania de los años 30 y 40 ha ocurrido también en muchos otros países, y está ocurriendo crecientemente en Latinoamérica, ante el aumento de gobiernos de tendencias dictatoriales que abusan del poder económico, policial y político. El costo para esas naciones y el continente es muy alto. Habrá generaciones perdidas, habiendo vivido la única vida que tienen en medio de la indiferencia como instrumento de supervivencia.
¿Pero cómo se sobrepone uno a la indiferencia cuando ella se ha vuelto el arma de supervivencia más efectiva? La respuesta no está en espontaneidades milagrosas. La única forma de superar estados de indiferencia es con “deferencia.” Deferencia es el proceso por el cual apreciamos los derechos y emprendemos los deberes de respetar y desarrollar las cualidades propias. Diferenciamos sin emociones aspavientosas el bien, del mal. Adoptamos formas correctas de proceder y rechazamos formas incorrectas. No nos hacemos lo locos cuando nos conviene y aceptamos acciones morales cuando no nos conviene o no nos provoca levantarnos en contra de exabruptos. Deferencia ocurre cuando apoyamos a aquellos que hacen un esfuerzo idóneo por rectificar errores y respetamos los derechos hasta de a quienes no admiramos personalmente.
Deferencia e indiferencia tienen algo en común. Ambos estados sustraen emocionalidad como instrumento de supervivencia. Pero en los estados “deferentes” la emocionalidad se sustrae para respetar los derechos del otro. En los estados “indiferentes” la emocionalidad se sustrae para permitir el abuso de los derechos del otro. La deferencia permite crecer espiritualmente. La indiferencia lleva a la muerte del espíritu y a profundos descalabros y violencias sociales.
Todo esto parece una suerte de inundación de palabras vagabundas, pero no lo es. En países donde reina el oportunismo y el abuso, los seres humanos buscan la guarida de la indiferencia para sobrevivir. En países en donde existe el respeto y la ley, los seres humanos pueden abrirse a depender más duraderamente de la superación individual y colectiva. Pueblos con alma crean redes que permiten la superación individual y colectiva porque cuentan con redes protectoras formadas por cualidades que transcienden las crueldades del momento.
Es difícil entender como en la Alemania de Hitler, un par de guardias armados podían amedrentar a cientos o miles de judíos desarmados. Las victimas de la represión Nazi habían perdido la capacidad de responder emocionalmente al abuso. Lo que ocurrió en la Alemania de los años 30 y 40 ha ocurrido también en muchos otros países, y está ocurriendo crecientemente en Latinoamérica, ante el aumento de gobiernos de tendencias dictatoriales que abusan del poder económico, policial y político. El costo para esas naciones y el continente es muy alto. Habrá generaciones perdidas, habiendo vivido la única vida que tienen en medio de la indiferencia como instrumento de supervivencia.
¿Pero cómo se sobrepone uno a la indiferencia cuando ella se ha vuelto el arma de supervivencia más efectiva? La respuesta no está en espontaneidades milagrosas. La única forma de superar estados de indiferencia es con “deferencia.” Deferencia es el proceso por el cual apreciamos los derechos y emprendemos los deberes de respetar y desarrollar las cualidades propias. Diferenciamos sin emociones aspavientosas el bien, del mal. Adoptamos formas correctas de proceder y rechazamos formas incorrectas. No nos hacemos lo locos cuando nos conviene y aceptamos acciones morales cuando no nos conviene o no nos provoca levantarnos en contra de exabruptos. Deferencia ocurre cuando apoyamos a aquellos que hacen un esfuerzo idóneo por rectificar errores y respetamos los derechos hasta de a quienes no admiramos personalmente.
Deferencia e indiferencia tienen algo en común. Ambos estados sustraen emocionalidad como instrumento de supervivencia. Pero en los estados “deferentes” la emocionalidad se sustrae para respetar los derechos del otro. En los estados “indiferentes” la emocionalidad se sustrae para permitir el abuso de los derechos del otro. La deferencia permite crecer espiritualmente. La indiferencia lleva a la muerte del espíritu y a profundos descalabros y violencias sociales.
martes 14 de abril de 2009
Resurrección de Libia o Diversiones de un Déspota
Uno de los líderes más interesantes y camaleónicos de la política contemporánea es Muammar al-Gaddafi. Rector revolucionario de Libia por los últimos 40 años. Yo no soy ni pienso ser experta en Gaddafi. Prefiero desarrollar otras habilidades. A Gaddafi lo observo de vez en cuando, porque tiene una gran capacidad de reinventarse y sorprendernos. Nos da esperanzas a aquellos que nos encontramos improbablemente sometidos por un tiempo u otro a los abusos de un tirano.
Gaddafi lideró la primera de las altivas arremetidas de la OPEP en los años ‘70s, dio protección a terroristas en el transcurso de los años, entrenó revolucionarios, amenazó al mundo todo lo que pudo desde su pobre pero petro-poderoso país. Gaddafi era una amenaza para la paz mundial, hasta que un día aviones foráneos bombardearon sus bases militares y entre las victimas estaba una de sus hijas y muchos de sus colegas. El se salvó en el bombardeo y yo me imaginé que de esa experiencia resurgiría lleno aún más de odios y resentimientos. No fue así. Gaddafi desapareció de la mira periodística por mucho tiempo. De vez en cuando se veían fotos que lo hacían ver golpeado (yo también lo hubiera estado, pero los líderes dictatoriales rebotan de los golpes como pelotas mágicas). Sin embargo seguía en el poder. Hace un par de años asumió algunas medidas un poco llevadas por imaginaciones y ensueños de grandeza económica, pero parecían sensatas. Libia se volvería un líder en educación tecnológica y aumentaría su productividad industrial. Sonaba bien aunque poco realista dada su historia. Pero recientemente Gaddafi ha anunciado otra sorpresa. Ha despedido a todos los miembros de su ejecutivo (no creo que haya poder legislativo o judicial que se diga en Libia) por corruptos. Ha comunicado además, que todos los ingresos petroleros del país se van a repartir directamente a sus ciudadanos, que son los dueños reales de los recursos petroleros, cosa que es verdad. Es una medida extrema y extremadamente sensata, asumiendo que es legítima en sus objetivos y no otra parodia de poder.
En un momento en que todos los políticos del mundo están compitiendo por más intervención en la economía, justificada por la ruptura de la banca mundial y la amenaza de una depresión económica global, Gaddafi anuncia que el se va a ir en la dirección opuesta. Va a entregar el voto económico por completo a los libios. Ver para creer pero que valga la idea.
A lo mejor no hace nada y todo esto es sólo una manera de divertir la atención del país, combatir enemigos políticos y experimentar con otras formas de comunicación con su pueblo. Quien sabe que problemas tiene Gaddafi y Libia. En todo caso el anuncio da algo de esperanza de que salgan buenas ideas desde el lodazal de sistemas corruptos e incompetentes. Da esperanzas de que a la humanidad y a algunos líderes que parecen estancados desde tantos puntos de vista, a veces, cuando algo toca fondo, se les ocurren ideas redentoras.
La historia da vueltas inesperadas, pero por eso no hay que creer en milagros. El único milagro es el de estar vivo y tener la oportunidad de contribuir al crecimiento económico, espiritual y emocional de la humanidad. Si todos contribuimos con trabajo y moralidad, de día a día, con valentía y sensatez; si frenamos la codicia y la rapacidad propia y señalamos un camino mejor a los amigos, poco a poco ganamos en democracia económica y política. Esa es la mejor y más duradera forma de resistencia activa. Quien sabe en que anda y por donde está el destino de Gaddafi, pero si podemos saber como responder a los asaltos diarios y ordinarios contra la dignidad y la responsabilidad propia: con seriedad, dedicación y determinados al triunfo de la moralidad comunitaria. Si a otros líderes se les ocurre, como a Gaddafi, repartir el botín público, sin la ayuda de intermediarios vagabundos, estaremos preparados a hacer el mejor uso de esos recursos.
Gaddafi lideró la primera de las altivas arremetidas de la OPEP en los años ‘70s, dio protección a terroristas en el transcurso de los años, entrenó revolucionarios, amenazó al mundo todo lo que pudo desde su pobre pero petro-poderoso país. Gaddafi era una amenaza para la paz mundial, hasta que un día aviones foráneos bombardearon sus bases militares y entre las victimas estaba una de sus hijas y muchos de sus colegas. El se salvó en el bombardeo y yo me imaginé que de esa experiencia resurgiría lleno aún más de odios y resentimientos. No fue así. Gaddafi desapareció de la mira periodística por mucho tiempo. De vez en cuando se veían fotos que lo hacían ver golpeado (yo también lo hubiera estado, pero los líderes dictatoriales rebotan de los golpes como pelotas mágicas). Sin embargo seguía en el poder. Hace un par de años asumió algunas medidas un poco llevadas por imaginaciones y ensueños de grandeza económica, pero parecían sensatas. Libia se volvería un líder en educación tecnológica y aumentaría su productividad industrial. Sonaba bien aunque poco realista dada su historia. Pero recientemente Gaddafi ha anunciado otra sorpresa. Ha despedido a todos los miembros de su ejecutivo (no creo que haya poder legislativo o judicial que se diga en Libia) por corruptos. Ha comunicado además, que todos los ingresos petroleros del país se van a repartir directamente a sus ciudadanos, que son los dueños reales de los recursos petroleros, cosa que es verdad. Es una medida extrema y extremadamente sensata, asumiendo que es legítima en sus objetivos y no otra parodia de poder.
En un momento en que todos los políticos del mundo están compitiendo por más intervención en la economía, justificada por la ruptura de la banca mundial y la amenaza de una depresión económica global, Gaddafi anuncia que el se va a ir en la dirección opuesta. Va a entregar el voto económico por completo a los libios. Ver para creer pero que valga la idea.
A lo mejor no hace nada y todo esto es sólo una manera de divertir la atención del país, combatir enemigos políticos y experimentar con otras formas de comunicación con su pueblo. Quien sabe que problemas tiene Gaddafi y Libia. En todo caso el anuncio da algo de esperanza de que salgan buenas ideas desde el lodazal de sistemas corruptos e incompetentes. Da esperanzas de que a la humanidad y a algunos líderes que parecen estancados desde tantos puntos de vista, a veces, cuando algo toca fondo, se les ocurren ideas redentoras.
La historia da vueltas inesperadas, pero por eso no hay que creer en milagros. El único milagro es el de estar vivo y tener la oportunidad de contribuir al crecimiento económico, espiritual y emocional de la humanidad. Si todos contribuimos con trabajo y moralidad, de día a día, con valentía y sensatez; si frenamos la codicia y la rapacidad propia y señalamos un camino mejor a los amigos, poco a poco ganamos en democracia económica y política. Esa es la mejor y más duradera forma de resistencia activa. Quien sabe en que anda y por donde está el destino de Gaddafi, pero si podemos saber como responder a los asaltos diarios y ordinarios contra la dignidad y la responsabilidad propia: con seriedad, dedicación y determinados al triunfo de la moralidad comunitaria. Si a otros líderes se les ocurre, como a Gaddafi, repartir el botín público, sin la ayuda de intermediarios vagabundos, estaremos preparados a hacer el mejor uso de esos recursos.
martes 31 de marzo de 2009
¿Adónde están los grillos?
En mis memorias, el grillo de Pinocho, Pepito, es uno de los personajes más importantes de los cuentos de hadas. Les recuerdo que el hada madrina le hecha unos polvos mágicos al muñeco de cuerdas que le permite empezar a moverse y ser casi humano. Uno de los aspectos de su “humanidad” es la capacidad de decir mentiras, algunas gratuitas y tontas, otras por oportunismo político o económico. El grillo Pepito, o Pepe Grillo, que hace de “conciencia” para el pobre Pinocho no puede con toda la responsabilidad y trabajo que tiene ante las veleidades de su pupilo. Pero Pepito se mantiene alerta, activo e innovador en su mensaje. Al final Pinocho se arrepiente de sus fechorías y es premiado por su hada madrina, quien lo vuelve completamente humano (¡Dios nos guarde – pero allí termina la historia con un final feliz). Pinocho el ser humano promete ser bueno, valiente, y generoso.
Muchos de nosotros tenemos el grillo en nuestras propias conciencias, pero muchos más lo amordazamos o lo ponemos a dormir en el purgatorio de los millones de grillos ignorados. “Cuando en Roma, pórtate como un romano” y así comienza la decadencia del imperio, el pueblo, la familia y el individuo. Los grillos de la conciencia son la especie más expuesta a la extinción en las sociedades que pierden el sentido del respeto, el ritmo de la nobleza intelectual y el tono de los estados de gracia. Las sociedades donde los grillos cantan, suspiran y se reproducen orgullosos de su trabajo y éxito, florecen ecológica y económicamente.
Los finales felices nunca son duraderos, pero si permiten retornar al rumbo correcto con determinación y sentido de metas sensatas y realizables. La recesión económica mundial es una buena coyuntura para rescatar grillos adormecidos o aniquilados por la diosa del éxito. Anhelos de entereza, integridad, trabajo y generosidad son anhelos duraderos que se refrescan y regeneran por el propio reto de su manutención.
Despertemos a nuestros grillos internos y emprendamos una campaña de reclutar grillos externos. Yo tengo entre mis buenos amigos tres grillos de primera. Si tengo dudas y al grillo interno no estoy dispuesta a escucharlo, no tengo más que llamar a los tres grillos externos y escuchar el cuarteto (porque el mío empieza a cantar clara e instantáneamente).
¿Dónde están los grillos? Están en todas partes. Las conciencias están adormecidas, pero nunca están muertas. Podemos empezar despertando a la propia. Muy importante hacerlo en medio de tanta confusión y aprecio por lo que hemos perdido. Lo que hemos perdido en el jolgorio de liquidez y turbo-consumo en los últimos años, no es tan importante como lo que podemos ganar con calma, voluntad y con ayuda de Pepe Grillo. Pinocho apenas empieza la historia de su vida al final del cuento. No se imagina lo dura que es la vida, sobretodo cuando nos aferramos a ignorar nuestra conciencia. Los grillos pitan y no cantan, cuando los ignoramos. Si le hacemos caso a Pepe Grillo, sus sonidos son cantos lejanos y apaciguantes. Nos recuerdan las noches tranquilas en los Llanos, o caminatas por jardines oscuros pero fragantes. Nos recuerdan la infamia cuando atrapábamos grillos para sentirnos valientes sin tener idea que atrapábamos en ellos algo esencial en nuestra historia: La habilidad de escuchar los sonidos de la naturaleza como susurros de una conciencia en paz.
Muchos de nosotros tenemos el grillo en nuestras propias conciencias, pero muchos más lo amordazamos o lo ponemos a dormir en el purgatorio de los millones de grillos ignorados. “Cuando en Roma, pórtate como un romano” y así comienza la decadencia del imperio, el pueblo, la familia y el individuo. Los grillos de la conciencia son la especie más expuesta a la extinción en las sociedades que pierden el sentido del respeto, el ritmo de la nobleza intelectual y el tono de los estados de gracia. Las sociedades donde los grillos cantan, suspiran y se reproducen orgullosos de su trabajo y éxito, florecen ecológica y económicamente.
Los finales felices nunca son duraderos, pero si permiten retornar al rumbo correcto con determinación y sentido de metas sensatas y realizables. La recesión económica mundial es una buena coyuntura para rescatar grillos adormecidos o aniquilados por la diosa del éxito. Anhelos de entereza, integridad, trabajo y generosidad son anhelos duraderos que se refrescan y regeneran por el propio reto de su manutención.
Despertemos a nuestros grillos internos y emprendamos una campaña de reclutar grillos externos. Yo tengo entre mis buenos amigos tres grillos de primera. Si tengo dudas y al grillo interno no estoy dispuesta a escucharlo, no tengo más que llamar a los tres grillos externos y escuchar el cuarteto (porque el mío empieza a cantar clara e instantáneamente).
¿Dónde están los grillos? Están en todas partes. Las conciencias están adormecidas, pero nunca están muertas. Podemos empezar despertando a la propia. Muy importante hacerlo en medio de tanta confusión y aprecio por lo que hemos perdido. Lo que hemos perdido en el jolgorio de liquidez y turbo-consumo en los últimos años, no es tan importante como lo que podemos ganar con calma, voluntad y con ayuda de Pepe Grillo. Pinocho apenas empieza la historia de su vida al final del cuento. No se imagina lo dura que es la vida, sobretodo cuando nos aferramos a ignorar nuestra conciencia. Los grillos pitan y no cantan, cuando los ignoramos. Si le hacemos caso a Pepe Grillo, sus sonidos son cantos lejanos y apaciguantes. Nos recuerdan las noches tranquilas en los Llanos, o caminatas por jardines oscuros pero fragantes. Nos recuerdan la infamia cuando atrapábamos grillos para sentirnos valientes sin tener idea que atrapábamos en ellos algo esencial en nuestra historia: La habilidad de escuchar los sonidos de la naturaleza como susurros de una conciencia en paz.
martes 17 de marzo de 2009
Desempleo
En los últimos 20 años la mayor parte del mundo ha disfrutado de pleno empleo. Tanto hombres como mujeres; y en muchos países hasta los niños tenían trabajo de sobra. Si el sueldo no era suficiente para cubrir los gastos de un consumo desmedido, se tomaban dos trabajos. Si la paga no era buena, uno podía cambiar de país legal o ilegalmente, en busca de mejores oportunidades económicas.
En los Estados Unidos entraron más de 20 millones de personas en busca de mejores condiciones de vida en los últimos 20 años. Europa también vio crecer sus poblaciones, diezmadas por envejecimiento y bajas tazas de natalidad. Incluso en Latinoamérica vimos movimientos laborales de un país a otro, sin precedentes históricos. Por razones más políticas que económicas, pero mejoras en las perspectivas de ingresos ciertamente motivó a los inmigrantes, Venezuela importó un 20% de su población en los últimos 10 años de países como Cuba, Colombia, China y otros. Todo eso ha llegado a un fin por varios años. Muchos inmigrantes están de regreso en sus países natales. Es preferible estar desempleado en su propia tierra, rodeado de seres queridos que nos pueden tender una mano, que en donde no tenemos muchos amigos o familia.
El trabajo es algo noble y extraño. Trabajamos más por deber que por deseo. Pero si no tuviéramos la necesidad también lo haríamos. Odiamos los lunes y nos encantan los viernes (a menos que vivamos en países islámicos en donde la semana de trabajo empieza los domingos). Todavía yo recuerdo mí primer día de trabajo. Estaba tan orgullosa de haber encontrado un buen empleo como economista. Llegué al trabajo un lunes, justo después del terremoto del ’67 en Caracas. No estaba segura si habría trabajo, aunque el domingo había pasado a ver si el edificio de la gloriosa compañía Luz Eléctrica de Venezuela estaba todavía en pie. Allí estaba sano y salvo en la Avenida Urdaneta. Y allí llegue el día lunes. Me dieron un escritorio flamante de metal gris y me dieron inmediatamente una pila de cuentas en que trabajar y una agenda de entrenamiento. La gente era toda amable y sensata. Yo estaba orgullosa y a gusto. Y a pesar de todo eso me encontré viendo el reloj con horror. Eran las 10 de la mañana y todavía me faltaban 8 horas para que terminara el día laboral (de 8 a 12 y de 2 a 6). Me sentí agobiada y sorprendida por la crueldad que implicaba pasar los próximos 50 y más años de mi vida en una oficina. Más nunca podría tener la libertad de montar bicicleta por las calles del barrio, ni de ver y hablar con mis amigos en los recesos de la Universidad. No había tiempo ya de soñar con destinos de trapecista o de cantante famosa. O de ser escritora, poeta o actriz. Mi destino era ahora sanar cuentas como economista, aún cuando no entendía realmente cual era el propósito de tanta cuenta. Estaba empleada y así he tenido la suerte de estar empleada por más de 40 años. Estar empleado le da valor a los fines de semana y a las vacaciones. Nos domestica. Nos conecta a los otros seres humanos. A los que nos gustan y a los que no nos gustan. Importantemente, estar empleados nos da un sueldo y una medida de lo que contribuimos a la producción del país, y más aún nos permite mantener una familia y soñar con vidas mejores. El empleo nos hace sentir útiles. El desempleo es corrosivo. Nos hace sentir inútiles, desechables. Perdemos las conexiones normales que orientan nuestras decisiones. No se puede decidir en el vacío, se puede sólo decidir entre contrastes y preferencias, y hay que tener restricciones y la capacidad de superarlas. El empleo nos da las restricciones y la capacidad de superarlas.
Trabajo y familia son los dos motores que nos dan identidad e impulso en nuestras vidas. El desempleo es como un divorcio, una vuelta a la vez destructiva y liberadora en nuestras vidas. Pero el desempleo es peor que un divorcio. Una vez superada la pérdida del compañero de vida, se puede emprender una vida nueva en búsqueda de nuevas amistades y parejas. El desempleo nos deja sin ingresos, inseguros y aumenta la probabilidad de destruir a la familia también. Este es un clavo que no saca otro clavo, sino que nos crucifica. A pesar de lo doloroso y destructivo de un proceso de desempleo, siempre puede permitir un reencuentro y redescubrimiento de nuestras verdaderas metas. Podemos hacer mucho y reinventarnos muchas veces en nuestras vidas. Para reinventarnos requerimos de emprender con valor y tenacidad un periodo de re-educación, rehabilitación y rebalance de nuestras facultades. Lo importante es mantenerse activo y concentrado. Empleado o desempleado la tenacidad, educación y facultad de servir al prójimo nos hace ser mejores. Una de las expresiones más útiles que he escuchado es que si el vaso está medio vacío o medio lleno, depende si estamos llenándolo o no lo estamos tomando. Mientras nos mantengamos “llenando el vaso”, hay esperanza real de reconectarnos activa y efectivamente con el mundo. Si nada mas tomamos lo que nos da el vaso, tarde o temprano lo encontraremos vacío. Servicios comunitarios son siempre oportunidades de empleo si no se nos ocurre o si nos se nos da otro trabajo. John Stuart Mills, el gran economista, dijo: “Sólo son felices los que tienen su mente fijada en un objeto aparte de la propia felicidad; en la felicidad de otros, en el mejoramiento de la humanidad, hasta en un arte o hobby, perseguido no como un medio, sino por si mismo como un fin ideal. Volcándose hacia otra meta se encuentra la felicidad incidentalmente.” Servir a otros es la forma más satisfactoria de empleo propio, y hay poco riesgo de quedarnos sin trabajo en ese menester.
En los Estados Unidos entraron más de 20 millones de personas en busca de mejores condiciones de vida en los últimos 20 años. Europa también vio crecer sus poblaciones, diezmadas por envejecimiento y bajas tazas de natalidad. Incluso en Latinoamérica vimos movimientos laborales de un país a otro, sin precedentes históricos. Por razones más políticas que económicas, pero mejoras en las perspectivas de ingresos ciertamente motivó a los inmigrantes, Venezuela importó un 20% de su población en los últimos 10 años de países como Cuba, Colombia, China y otros. Todo eso ha llegado a un fin por varios años. Muchos inmigrantes están de regreso en sus países natales. Es preferible estar desempleado en su propia tierra, rodeado de seres queridos que nos pueden tender una mano, que en donde no tenemos muchos amigos o familia.
El trabajo es algo noble y extraño. Trabajamos más por deber que por deseo. Pero si no tuviéramos la necesidad también lo haríamos. Odiamos los lunes y nos encantan los viernes (a menos que vivamos en países islámicos en donde la semana de trabajo empieza los domingos). Todavía yo recuerdo mí primer día de trabajo. Estaba tan orgullosa de haber encontrado un buen empleo como economista. Llegué al trabajo un lunes, justo después del terremoto del ’67 en Caracas. No estaba segura si habría trabajo, aunque el domingo había pasado a ver si el edificio de la gloriosa compañía Luz Eléctrica de Venezuela estaba todavía en pie. Allí estaba sano y salvo en la Avenida Urdaneta. Y allí llegue el día lunes. Me dieron un escritorio flamante de metal gris y me dieron inmediatamente una pila de cuentas en que trabajar y una agenda de entrenamiento. La gente era toda amable y sensata. Yo estaba orgullosa y a gusto. Y a pesar de todo eso me encontré viendo el reloj con horror. Eran las 10 de la mañana y todavía me faltaban 8 horas para que terminara el día laboral (de 8 a 12 y de 2 a 6). Me sentí agobiada y sorprendida por la crueldad que implicaba pasar los próximos 50 y más años de mi vida en una oficina. Más nunca podría tener la libertad de montar bicicleta por las calles del barrio, ni de ver y hablar con mis amigos en los recesos de la Universidad. No había tiempo ya de soñar con destinos de trapecista o de cantante famosa. O de ser escritora, poeta o actriz. Mi destino era ahora sanar cuentas como economista, aún cuando no entendía realmente cual era el propósito de tanta cuenta. Estaba empleada y así he tenido la suerte de estar empleada por más de 40 años. Estar empleado le da valor a los fines de semana y a las vacaciones. Nos domestica. Nos conecta a los otros seres humanos. A los que nos gustan y a los que no nos gustan. Importantemente, estar empleados nos da un sueldo y una medida de lo que contribuimos a la producción del país, y más aún nos permite mantener una familia y soñar con vidas mejores. El empleo nos hace sentir útiles. El desempleo es corrosivo. Nos hace sentir inútiles, desechables. Perdemos las conexiones normales que orientan nuestras decisiones. No se puede decidir en el vacío, se puede sólo decidir entre contrastes y preferencias, y hay que tener restricciones y la capacidad de superarlas. El empleo nos da las restricciones y la capacidad de superarlas.
Trabajo y familia son los dos motores que nos dan identidad e impulso en nuestras vidas. El desempleo es como un divorcio, una vuelta a la vez destructiva y liberadora en nuestras vidas. Pero el desempleo es peor que un divorcio. Una vez superada la pérdida del compañero de vida, se puede emprender una vida nueva en búsqueda de nuevas amistades y parejas. El desempleo nos deja sin ingresos, inseguros y aumenta la probabilidad de destruir a la familia también. Este es un clavo que no saca otro clavo, sino que nos crucifica. A pesar de lo doloroso y destructivo de un proceso de desempleo, siempre puede permitir un reencuentro y redescubrimiento de nuestras verdaderas metas. Podemos hacer mucho y reinventarnos muchas veces en nuestras vidas. Para reinventarnos requerimos de emprender con valor y tenacidad un periodo de re-educación, rehabilitación y rebalance de nuestras facultades. Lo importante es mantenerse activo y concentrado. Empleado o desempleado la tenacidad, educación y facultad de servir al prójimo nos hace ser mejores. Una de las expresiones más útiles que he escuchado es que si el vaso está medio vacío o medio lleno, depende si estamos llenándolo o no lo estamos tomando. Mientras nos mantengamos “llenando el vaso”, hay esperanza real de reconectarnos activa y efectivamente con el mundo. Si nada mas tomamos lo que nos da el vaso, tarde o temprano lo encontraremos vacío. Servicios comunitarios son siempre oportunidades de empleo si no se nos ocurre o si nos se nos da otro trabajo. John Stuart Mills, el gran economista, dijo: “Sólo son felices los que tienen su mente fijada en un objeto aparte de la propia felicidad; en la felicidad de otros, en el mejoramiento de la humanidad, hasta en un arte o hobby, perseguido no como un medio, sino por si mismo como un fin ideal. Volcándose hacia otra meta se encuentra la felicidad incidentalmente.” Servir a otros es la forma más satisfactoria de empleo propio, y hay poco riesgo de quedarnos sin trabajo en ese menester.
miércoles 4 de marzo de 2009
Cacería de Brujas: Battle at Kruger
La gran habilidad de los animales inteligentes es la de organizarse para obtener ganancias de grupo. Uno de los videos más visitados en You Tube es un video de 8 minutos llamado “Battle at Kruger.” En el video se ve como una manada de búfalos es atacada por una de leones que agarra entre sus dientes a uno de los novillos. Cuando la vida del búfalo se ve perdida con certeza en las mandíbulas de los leones, aparece un cocodrilo que trata de arrebatarle el bufalito a los leones. ¡Pobre búfalo! Ahora si que no tiene salvación entre leones y cocodrilos. Inesperadamente, la manada de búfalos regresa dispuesta a reclamar a su novillo. No les digo como termina, para que vean el video y aprendan una lección humana y cívica importante: En la unión y la defensa de la libertad está la fuerza. Aunque haya que luchar contra leones y cocodrilos, y la batalla se vea perdida en las mandíbulas del uno o del otro, si la manada se mantiene unida y se respaldan acciones de defensa, estratégicamente se puede ganar la libertad. Pero así como hay acciones de manada inteligentes y constructivas, existen acciones de manada destructivas. Abundante es la historia de explotaciones de minorías atrincheradas en el poder que explotan a las mayorías. O mayorías con ventajas comparativas que explotan a las minorías debilitadas.
Las cacerías de brujas son un resultado destructivo de esa capacidad del ser humano de organizarse para destruir a un enemigo común. El problema es que hay brujas malas que como los leones de la película, merecen desafío y exterminación, pero también hay brujas buenas que no merecen nada de eso. Grupos de exterminación se pueden usar para bien o para mal. Son concentraciones del poder de muchos para responder al poder desmedido de una minoría, o concentraciones de pocos en búsqueda de una restitución de su voz. Lo importante de la lección que nos dan los búfalos es que de tontos no tienen nada esos animales. Tienen una capacidad de organización y estrategia indudablemente creativa. Una vez logrado su objetivo, interesantemente, no tienen vocación de criminales. Una vez espantados los leones, los dejan ir, aunque hubieran podido exterminarlos.
Nuestros pueblos se la pasan sometidos a ataques de leones hambrientos, y como el novillo de la película, tienen pocas defensas más allá del poderío de la manada. Lamentablemente la manada humana no siempre responde consistentemente para rescatar a sus novillos de las garras del león. Otras veces, es la manada de leones la que abusa de una minoría y se sale con la suya.
De cualquier forma, tarde o temprano, los hombres y los animales nos armamos para cazar brujas buenas o malas. A diferencia de los nobles búfalos, cuando a cazar nos unimos, terminamos destruyendo más de los que construimos y en el proceso mueren justos por pecadores. Nuestros pueblos han sido, y siguen siendo, abusados por minorías descaradas y poderosas. El momento llegará en que los cocodrilos o búfalos salgan a la defensa de los novillos. La esperanza es que en la cacería de brujas no destruyamos la moralidad y nobleza a nivel individual y comunitario. Chile lo logró, Argentina un poco y por un tiempo y lo perdió después. Colombia ha reconstruido poco a poco y con persistencia las pérdidas acumuladas en batallas civiles. Esa si es una labor que pueden lograr los líderes políticos. La función fundamental del liderazgo político es la de motivar a una sociedad a la superación individual y colectiva, rescatar a los novillos de las garras del león, pero sin ocasionar descalabres y destrucción de instituciones y vidas. Es una labor que requiere inteligencia, sutileza, humildad, y determinación. No es una labor de déspotas. La tiranía no es una forma de liderazgo útil. La tiranía oprime y destruye. Battle at Kruger (Batalla en Kruger) es la metáfora más simple e inspiradora que he visto en mucho tiempo.
Las cacerías de brujas son un resultado destructivo de esa capacidad del ser humano de organizarse para destruir a un enemigo común. El problema es que hay brujas malas que como los leones de la película, merecen desafío y exterminación, pero también hay brujas buenas que no merecen nada de eso. Grupos de exterminación se pueden usar para bien o para mal. Son concentraciones del poder de muchos para responder al poder desmedido de una minoría, o concentraciones de pocos en búsqueda de una restitución de su voz. Lo importante de la lección que nos dan los búfalos es que de tontos no tienen nada esos animales. Tienen una capacidad de organización y estrategia indudablemente creativa. Una vez logrado su objetivo, interesantemente, no tienen vocación de criminales. Una vez espantados los leones, los dejan ir, aunque hubieran podido exterminarlos.
Nuestros pueblos se la pasan sometidos a ataques de leones hambrientos, y como el novillo de la película, tienen pocas defensas más allá del poderío de la manada. Lamentablemente la manada humana no siempre responde consistentemente para rescatar a sus novillos de las garras del león. Otras veces, es la manada de leones la que abusa de una minoría y se sale con la suya.
De cualquier forma, tarde o temprano, los hombres y los animales nos armamos para cazar brujas buenas o malas. A diferencia de los nobles búfalos, cuando a cazar nos unimos, terminamos destruyendo más de los que construimos y en el proceso mueren justos por pecadores. Nuestros pueblos han sido, y siguen siendo, abusados por minorías descaradas y poderosas. El momento llegará en que los cocodrilos o búfalos salgan a la defensa de los novillos. La esperanza es que en la cacería de brujas no destruyamos la moralidad y nobleza a nivel individual y comunitario. Chile lo logró, Argentina un poco y por un tiempo y lo perdió después. Colombia ha reconstruido poco a poco y con persistencia las pérdidas acumuladas en batallas civiles. Esa si es una labor que pueden lograr los líderes políticos. La función fundamental del liderazgo político es la de motivar a una sociedad a la superación individual y colectiva, rescatar a los novillos de las garras del león, pero sin ocasionar descalabres y destrucción de instituciones y vidas. Es una labor que requiere inteligencia, sutileza, humildad, y determinación. No es una labor de déspotas. La tiranía no es una forma de liderazgo útil. La tiranía oprime y destruye. Battle at Kruger (Batalla en Kruger) es la metáfora más simple e inspiradora que he visto en mucho tiempo.
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